Del Guaire al Turbio – DESHUMANIZACIÓN DE LO HUMANO

Alicia Álamo Bartolomé |

Mi hijo intelectual, Xavier Reyes Matheus, me envió desde Madrid –donde reside- una entrevista titulada “Muchas universidades van a cerrar, porque no hacen falta”, hecha al distinguido compatriota, Dan Levy, profesor e investigador de Políticas Públicas en la Universidad de Harvard, quien se presenta así: “Tengo 46 años y he dedicado 20 a investigar qué políticas públicas funcionan y cuáles no. Nací en Venezuela (…) Soy de familia judía sefardí y ahora vivo en Boston, pero nací allí, sí. Y me doctoré allí”.

El Dr.Levy aborda dos spectos fundamentales, a los cuales lo llevó, con sus preguntas, el periodista Lluís Amiguet del diario catalán La Vanguardia.
El primero, sobre la desaparición de las universidades, da título a la entrevista y es mi tema para este artículo; lo sería para otro el segundo, sobre el fracaso político en Iberoamérica, que él resume en esta acertada frase: “… cuando la ideología sustituye al conocimiento, los países fracasan”.

Según Dan Levy, ya no tiene sentido que en miles de universidades de todo el mundo, los profesores estén dando la misma clase, cuando hay uno que es mejor para el tema y puede darla por los medios digitales en cualquier sitio. Sólo seguirán existiendo las univesidades que se repiensen en sí mismas en la sociedad digital, donde habría un profesor de referencia en cada especialidad y así se salvarían las barreras del idioma y de la cultura. Ese profesor de referencia en cada materia, grabaría sus clases como punto de partida para todos. Tal dinámica acabará por imponerse y pondrá en crisis a las universidades que no se adapten. Aunque parezca paradójico, Levy dice que la forma de adaptarse es personalizando más la enseñanza y la invetigación, porque ya no tiene sentido dar año tras año la misma lección a un montón de estudiantes que apenas se conocen. En Harvard, él y muchos colegas, han descubierto que los alumnos deben llegar a sus cursos con los contenidos ya trabajados por esas clases a distancia y luego ellos las personalizan.

No hay duda de que el planteamiento, no sólo es muy interesante, muy revelador del futuro de nuestras universidades, sino que nos pone frente a un mundo aún desconocido, donde la tecnologia llevará la batuta en todo, cuidado si hasta en nuestra concienca. Todo será maravilloso dentro de una inmensa insensibilidad, porque por más que personalicen con sus alumnos esos profesores de referencia, el eje de la formación la lleva ese insigne profesor, el mejor de todos en el planeta, pero impersonal, que dicta su materia a través de una pantalla. Los alumnos lo ven, pero no hay miradas recíprocas, él no puede ver lo que expresan los ojos de ellos, si hay atención, interés, comprensión o algo negativo como fastidio, sueño o preocupación. Desaparecerá esa interrelación tan entrañable entre maestro y discípulo que podía convertirse luego en una gran amistad. Ya no habría la broma, el chiste a propósito de algo o el llamado amable de atención: “Epa, González, ¿como que no dormiste anoche?” Ni la anécdota a propósito de un incidente parecido a otro en el recuerdo. Ni la llamada aparte para indagar un estado de ánimo que sólo se puede captar de mirada a mirada.

Sí, qué gran oportunidad recibir clases con el mejor profesor del mundo, ¡pero qué gran pérdida es deshumanizar lo humano!

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios