“Maduro no puede creer que el país es un sindicato como el del Metro”

Pacífico Sánchez Foto: Archivo |

Ante la pugnacidad que han mostrado el Ejecutivo Nacional y el Judicial contra el Legislativo, monseñor Roberto Lückert León, segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana y arzobispo de Coro, les recordó a esos poderes que el seis de diciembre de 2015, el pueblo democráticamente expresó que quería un cambio.

La Asamblea Nacional es la fuerza del pueblo de Venezolana, enfatizó el prelado al ser consultado telefónicamente por EL IMPULSO. Tanto el Presidente de la República como el Tribunal Supremo de Justicia tienen que reconocerla.

Lo que pasa es que este gobierno está calcado al modelo de Cuba, donde nunca ha habido democracia. Fidel y Raúl Castro se burlan de lo que ellos denominan mal llamadas democracias. Nosotros no somos cubanos y hemos defendido la democracia en ese hecho contundente del 6 de diciembre.

No puede ser que tanto el Ejecutivo como el Legislativo hayan convertido la Asamblea Nacional en una gallera, dando mal ejemplo y sobre todo mal ejemplo de democracia.
Tienen que reconocer la facultad que tiene la Asamblea Nacional para legislar. Claro, este gobierno se acostumbró a que el Presidente legislara a través de leyes habilitantes y convirtieron al jefe del gobierno en un Rey Sol, el del “Estado soy yo”, que legislaba y ejecutaba. Pero, ahora se les acabó el pan de piquito.

-¿Cómo ve la actitud de Maduro?

-El Presidente tiene que darse cuenta que como lo ha venido haciendo no puede seguir gobernando.No puede creer que Venezuela es un sindicato como el del Metro de Caracas. Debe de dejar de creerse que sigue siendo sindicalista y actuar para un grupo, porque él es el Presidente de todos los venezolanos. Si no lo entiende, entonces, que deponga el cargo y se vaya a otra parte. Además, él debe entender que lo impuso el Presidente muerto y se violentó la Constitución.

-¿Ve o no salida?

-Tiene que haberla. No puede producirse una solución de fuerza. Yo no quiero un golpe de Estado como pasó en Chile con Pinochet, que lo aplaudieron, pero después tuvieron los chilenos que calarse 18 años de una cruel dictadura. Aquí se debe entender que el pueblo está por reventar. En estos momentos disfruta de la golosina del aumento del salario mínimo y del bono alimenticio; pero para finales de marzo ese incremento se les va a volver sal y agua. Es muy grave la situación por la cual está atravesando el pueblo, que tiener que pasar horas haciendo colas para ver qué consigue. No hay medicinas y la gente está sufriendo peor dolorosamente porque se le están agravando sus males.

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