El Rincón de los Miércoles 5-7-17

Luis Rodríguez Moreno |

I

En el tiempo en ejercicio de esta profesión que no dejamos, a pesar del recorrido, nunca habíamos actuado como testigo excepcional de la furia de todo un pueblo que ve como unos venezolanos se enfrentan con otros venezolanos desde barricadas diferentes. El gobierno, en su afán de perpetuarse en el poder, ha logrado con la colaboración y solidaridad de su homólogo cubano, crear y alimentar sentimientos de odio que han provocado ya lamentables pérdidas de valiosos representantes de nuestra juventud y heridas difíciles de cerrar en el futuro. Viendo “Los Miserables”, un viejo filme ambientado en los sucesos que precedieron la revolución francesa, pudimos observar el comportamiento de hombres y mujeres, y niños compartiendo riesgos en las barricadas intentando frenar las acometidas de los soldados sin importarle mucho las consecuencias de una lucha desigual entre las armas y la razón en París, la ciudad que le dio luz a la democracia en esa región de Europa. Muy lejos de la capital francesa, en este Barquisimeto nuestro se repetían las escenas de la película con muchachos de todas las edades actuando de custodios de las calles y avenidas, desafiantes, inquietos, rebeldes, con un altísimo espíritu de combate, verdaderos herederos de aquellos jóvenes que una vez se llenaron de gloria en La Victoria bajo el mando del gran José Félix Ribas, uno de nuestros héroes de la gesta independentista. Me apena si, la situación de otros muchachos, obligados como están a vivir otra historia que no merecen protagonizar porque son tan venezolanos como sus “enemigos”. Ellos jamás podrán contar ni cantar, y menos de enorgullecerse de esta generación de valientes, que han ofrecido sus vidas como una ofrenda para que esta Venezuela vuelva a ser la Tierra de Gracia que siempre fue.

II

Los niños deben ser beneficiarios de todos los recursos que tiene el Estado para su protección por la sencilla razón de ser el futuro de un país o de la propia raza humana. Sobre el particular existen legislaciones aprobadas por las Naciones Unidas a través de la Unicef, que vela por el cumplimiento de esas obligaciones, aunque a veces sin éxito por los malos comportamientos de algunos gobiernos de escasa mentalidad democrática. Esta semana hemos sido testigos presenciales del enorme abandono en que se encuentran los llamados “niños de la calle”. Pululan sin rumbo fijo en las calles y avenidas de una ciudad que parece haberse acostumbrado a verlos en las esquinas mendigando un pan o una moneda sin medir el riesgo para sus vidas e integridad física. Pequeños con edades oscilantes entre los 5 y 14 años, hembras y varones que nunca serán capaces de recordar en los próximos años esa niñez perdida. Uno de esos chicos me dijo que no tenía padre. Sale a la calle para llevar algo para un rancho donde su madre rumia penas y desventuras”. Una niña que lo acompañaba serpenteando entre los vehículos mostraba en su pequeño cuerpo las huellas de la desnutrición. Tampoco sabía el nombre de su papá y a veces le toca dormir al intemperie oculta entre los arbustos de una plaza, concretamente en el llamado paseo de Los Leones. Se ríe cuando le pregunto si tiene miedo y lo niega explicando que entre todos los chamitos se protegen mutuamente. Su alimento es precario, apenas un pedazo de pan para calmar los reclamos de un organismo que comienza a sufrir los rigores de la desnutrición crítica. A pocos metros del SAIME, decenas de hombres y mujeres observan la escena donde los chicos juegan alrededor de las filas de vehículos. Solo miran, ninguno se atreve a tener algún contacto con ellos. Quizás tengan miedo, o posiblemente vergüenza de un país que derrocha la riqueza nacional, esa que también le pertenece a los niños abandonados por ser tan venezolanos como los responsables de su tragedia.

Nos preguntamos sobre las organizaciones encargadas de velar o auxiliar a estos niños parias. Hubo una vez un Consejo Venezolano del Niño que con pocos recursos enfrentaba la pobreza de los pequeños en parques con auspicios del Estado aquí en Barquisimeto. Desaparecido el CVN los niños volvieron a sufrir el penoso desamparo de un gobierno que prometió una vez acabar con los niños de la calle. A fe nuestra lo está logrando. Ninguno tiene la posibilidad de sobrevivir en un lugar donde se han olvidado de la verdadera riqueza del país.

III

Ayer volvimos a la avenida Lara. Los grupos de niños se han multiplicado. Están en las esquinas intentando comer algún pedazo de pan de la mano de alguien. Dos de ellos se bañan improvisando una piscina en la plaza de Leones donde duermen bajo las estrellas y el amparo de Dios.

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