#OPINIÓN Informe Bachelet: Antes y Después #15Jul

Miguel Peña | Ilustración: Victoria Peña |

Existen dos aspectos que, indefectiblemente, deben ser analizados en el escenario político venezolano, respecto al informe presentado el pasado 5 de julio por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Michelle Bachelet.

La primera consideración que puede referirse de dicho informe, tiene que ver con el cambio de ritmo y direccionalidad de la dinámica que venía desarrollándose en Venezuela en la ruta propuesta por la Asamblea Nacional con Juan Guaidó a la cabeza. Sin duda alguna, en el futuro nuestros libros de historia contemporánea de Venezuela tendrán que marcar un hito entre dos eras: antes y después del informe de Bachelet.

Es un baño de legitimidad el que le otorga este informe a la postura de Guaidó y de todos los actores que desde hace años venimos señalando y denunciando la grave y flagrante violación de Derechos Humanos de los venezolanos que disienten de quienes detentan el poder. Ya no se trata de “tu palabra contra la mía”, de señalamientos subjetivos o políticos. Nadie puede decir que son intereses imperiales, capitalistas ni neoliberales los que acusan una crisis existente en el país. Ahora quien lo dice es, nada más y nada menos, el primer organismo mundial garante del cumplimiento de preceptos democráticos y de los Derechos Humanos. Ya no es Guaidó, Trump, Duque ni Bolsonaro. Ahora es la ONU, quien a través de la Comisión para los Derechos Humanos, así lo certifica de manera institucional, con argumentos y elementos de convicción, producto de haber palpado de primera mano la alarmante realidad que en Venezuela padecemos.

Es evidente el acorralamiento que significa, para Nicolás Maduro, este gancho al hígado. No queda espacio para las excusas. No hay manera alguna de contrariar el criterio de quien el mismo Maduro había vendido como un ente imparcial y objetivo para verificar las acusaciones que se le hacían, más allá de un intento de desestimar el informe por parte de quienes se saben más comprometidos en esas gravísimas acusaciones que allí están contenidas, no hay manera de desmontarlo.

Esto genera una nueva realidad en la mesa del presente político venezolano. Ahora se abre un abanico de alternativas con respecto a lo que Guaidó viene anunciando entrelíneas desde principios de julio: la cooperación internacional a través de la implementación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Y por supuesto que la dirigencia política que concentra el poder de decisión por parte de la Asamblea Nacional, apuesta a la presión que en esta circunstancia ejerce la comunidad internacional para lograr una salida negociada a la crisis política.

En segunda instancia, hay otro aspecto que no puede pasar desapercibido sobre este importante evento. Y es la predisposición que hubo en la gran mayoría de quienes sentimos el desespero de no ver llegar el cambio político que soñamos. Era difícil escuchar una expectativa positiva sobre lo que iba a decir Bachelet en ese documento.

Esta misma predisposición es la que existe en los venezolanos que cada día se dejan vencer por la desesperanza. Han sido cada vez más los ciudadanos que han sucumbido ante la desconfianza y la falta de fe en que efectivamente ha logrado imponer el madurismo desde sus laboratorios de inteligencia comunicacional. Por eso debemos aprender de esta lección, que no siempre el peor escenario debe ser el que ocurra, que no todo el tiempo ellos van a vencer, aunque hayan sido más batallas las que no hemos logrado a favor, tenemos que tener la convicción y la certeza de que ganaremos la más importante y la que definitivamente le devolverá la libertad a este país.

Quizás nadie le hubiera apostado su ficha al informe de la ONU antes de su presentación, pero resultó siendo un elemento que determinará el camino hacia la esperanza venezolana. La misma suerte parece estar corriendo el presidente Guaidó y los diputados a la Asamblea Nacional, puesto que hoy el desespero puede hacernos pensar que no lo lograremos, sin embargo, en la parte blanda de nuestro corazón tenemos intacto el sueño que pronto atestiguaremos haciéndose realidad.

No lo dudemos más, no titubeemos, no dejemos de creer ni de confiar. Sí lo vamos a lograr, porque así como pensamos que la ONU nos iba a abandonar y finalmente fue nuestra ventana para gritarle al mundo que esta tragedia es inaguantable, del mismo modo nuestro presidente encargado nos demostrará que su lucha no será en vano y cumpliremos con la ruta trazada para que nuestra Venezuela se encamine para siempre en el sendero de la democracia y la felicidad.

Miguel Peña
@MiguelPenaPJ

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