#OPINIÓN Agua clara Guaidó #21Jul

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

El escenario político venezolano algunas veces luce como un tremedal de emociones negativas donde la critica corrosiva, la descalificación, pleitos del pasado y colisión de intereses actuales conforman un río de aguas negras donde el mantenerse a flote pareciera depender de la palabra grosera y el epíteto mas infamante.

Y esta descripción vale, tanto para las controversias entre usurpadores y demócratas como también para las relaciones internas dentro del bloque opositor, en el cual dentro de la brevedad del twitter cruzan espadas iletrados audaces con doctores de alta academia sin que el rubor reclame espacio para la moderación civilizada.

Responsables de este marasmo ha sido en parte por la pugnacidad natural que siempre ha existido entre  los partidos pero en verdad el gran promotor y beneficiario de esta babel que nos desune ha sido el régimen de los usurpadores, quienes de manera sistemática y planificada han destruido la confianza del pueblo en las herramientas esenciales del sistema democrático, el voto y el dialogo. Al satanizar las elecciones y el dialogo que la haría posible, enlodando además la reputación de todos los actores disponibles para cualquier proceso de transición, han postrado en una resignación amarga a los segmentos tradicionalmente más combativos de la sociedad venezolana, reduciendo su participación en los debates públicos a una guerra de opiniones  dentro de las redes virtuales donde inefablemente son derrotados quienes defienden la única salida posible que nuestros aliados internacionales nos ha dejado como opción, la electoral.

Por supuesto que el pueblo tiene sobradas razones para mostrar su desaliento, lo ha intentado todo y hasta los momentos todo ha sido inútil. Porque luego de cada esperanza y cada movilización de calle gigante volvemos al fango, al río de aguas negras del cual somos navegantes fatales. Pero dentro de este cuadro de adversidades este año le nació a la Democracia venezolana un afluente de agua clara que ha renovado esperanzas y aunque le ha sido difícil esclarecer definitivamente  la turbidez acumulada  tampoco ha dejado de ser manantial de confianza para millones de personas que lo mantienen como única alternativa ante el apocalipsis que nos devora, esa agua clara es Juan Guaidó.

Fue nombrado a principios de Enero Presidente de la Asamblea Nacional. El 10 de ese mismo mes prometió que si el pueblo se lo pedía se encargaría de la Presidencia de la República, la gente le dio respaldo y el 23 de Enero asumió como Presidente Interino. Diseñó  una ruta y le ha demostrado fidelidad, el 22 de Febrero y el 30 de Abril dio el paso adelante y los militares que habían prometido darlo con él no lo hicieron. Salió de gira fuera del país para concretar alianzas y muchos pensaron que no regresaría y lo hizo, por Maiquetía retando a las amenazas de Diosdado y a los cuerpos de represión. Juan Guaidó está en la calle, no lo paran. Ha sido coherente, firme y valiente. Ahora nos dice que la reunión en Barbados es para explorar opciones pacificas bajo el  monitoreo de aliados internacionales y que de ser infructuosas se levanta de la mesa y continua la lucha por otras vías. Juan Guaidó ha dado pruebas de arrojo y pulcritud moral, en verdad seria torpe y mezquino no apoyarlo. Dios con nosotros.

Jorge Euclides Ramírez

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