#Especial Migrantes en cuarentena: Venezolana en Italia, capítulo I

Luis Miguel Rodríguez - @unluismiguel |

Más de 4 millones de venezolanos han migrado del país en busca de mejores condiciones de vida, y es esta misma cantidad de personas las que actualmente se enfrentan a la pandemia de la COVID-19 en otras fronteras, buscando las formas de salir hacia adelante a pesar de cualquier limitación existente. Estas son algunas historias de los migrantes en cuarentena.


La esperanza ha sido desde el principio ‘andrà tutto bene’ que significa: todo estará bien”, afirma Rose Burgos, una venezolana que vive en Italia desde hace 12 años y accedió a ser entrevistada por el equipo periodístico de Elimpulso.com para relatarnos su vivencia durante la pandemia de la Covid-19.

Venezolana Rose Burgos cuenta su experiencia durante la cuarentena social en Italia

Italia, como es bien sabido, ha sido el país europeo más golpeado por el brote del nuevo coronavirus. Para el 4 de mayo esta nación registra 211 mil contagios, 81 mil personas recuperadas y más de 28 mil muertes.

Burgos, quien vive con sus dos hijos, nos contó que el confinamiento es lo menos duro que ha tenido que pasar, dice que no se siente en una cárcel como muchos otros expresan, alega que “no está muy bien” llamarle así al hogar. “Lamentablemente sé que hay personas que no tienen la misma suerte que yo de estar en un ambiente familiar tranquilo, pienso y pido por toda esa gente que no la está pasando bien dentro de sus casas. Pido a Dios que esto termine lo más pronto posible para que volvamos a la realidad”, dijo.

La migrante venezolana indicó que entre las cosas más difíciles de conllevar está el alto consumo de información, ya que a través de los medios de comunicación se informa cada novedad, positiva o negativa, y eso termina recayendo emocionalmente en toda la ciudadanía.

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“Es algo bastante triste porque se siente en el aire, entre toda la población. Así no nos veamos, no tengamos la oportunidad de sentirnos, abrazarnos, se siente en el aire esta tristeza. Es prender la televisión y ver la cantidad de muertos (…) ha sido bastante fuerte desde el punto emocional”, explicó Rose, quien recordó que los primeros días muchos no creían en la existencia del virus, continuaban saliendo a las calles y arriesgaban su vida y la de sus familiares.

Preocupación de sus familiares en Venezuela

Rose no negó el temor que sintieron sus padres tras la llegada del coronavirus a Italia. “Mi familia desde Venezuela, por su puesto, asustada y preocupada. Al principio no lograban asimilar muy bien la información porque hasta que no la vives no sientes cómo en realidad puede ser esto”, mencionó.

Los padres de Rose viven en Barquisimeto, estado Lara; Ante la angustia, estos levantaron el teléfono en varias ocasiones y la contactaron para pedirle que no saliera, no se expusiera y se cuidara del virus, a tal punto que encarecidamente le recomendaban “no asomarse ni siquiera al balcón”.

“Ellos en Venezuela, también en cuarentena, pueden sentir un poco lo que nosotros hemos sentido desde hace 2 meses atrás. La angustia es grande, saber que tu hijo está en un lugar de máximo peligro de contagio, es duro. Siempre les digo que hay que mantener la esperanza, ser positivos y seguir haciendo lo que tenemos que hacer, no salir a la calle, lavarse las manos y evitar el contacto físico fuera de nuestro círculo familiar”.

¿Qué hacer apenas culmine la cuarentena?

“Lo primero que haría cuando termine esta cuarentena sería salir, respirar, abrazar a todas las personas que consiga por delante, darle muchas gracias a Dios por cada oportunidad de vida”, reveló Rose en cuanto a las primeras acciones que realizará tras culminado el confinamiento.

Entre otras cosas, entre risas asegura que también le gustaría ir a una pizzería pero recuerda que esto no podrá ser posible los primeros días, ya que los restaurantes serán de los últimos establecimientos que nuevamente abran sus puertas en Italia.

Hay que darle muchas gracias a Dios por la oportunidad que nos da cada día, de valorar más ese abrazo, esa cotidianidad que en algún momento de nuestras vidas damos por menos, y valorar a nuestros vecinos, amigos, familias, también valorarnos como seres humanos”, finalizó.

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