#OPINIÓN ¿Perdonar a quién? #7Jul

William Amaro Gutiérrez | Ilustración: Victoria Peña |

No tenemos la menor duda que en el corazón de mucha gente. O sea, en su mente, en sus pensamientos y propósitos. En sus sentimientos y emociones late rabia, desconcierto y hasta odio con venganza, por todo lo que ha hecho este gobierno al país y a los venezolanos. Sí, eso está pasando. Lo cual es muy triste por cuanto quien se consume diariamente es quien odia y resiente. Pero ¿Cómo evitar no odiar y rabiar?

Cuando Jesús dijo en la cruz del calvario “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” Luc. 23:34. Muchos creen que estaba dando un mandamiento nuevo. ¡No! Simplemente estaba dando la fórmula para ser verdaderamente feliz. Estaba enseñándonos el secreto de la verdadera paz en el alma. Alguien dijo una vez y con mucha razón, quien guarda rencor o resentimiento por una persona, es como tomarse un veneno y esperar que esa persona se muera. Y eso es precisamente es lo que está sucediendo con mucha gente.

El Señor Jesús que conocía y conoce cada fibra de nuestra existencia. El Dios del cielo humanado que moría allí, cuando afirma que los malos no sabían lo que hacían, tenía razón. Sabían que estaban asesinando un hombre, pero no sabían que era el Salvador de la humanidad. El Mesías prometido. “Los dirigentes judíos habían tomado una decisión deliberada contra Cristo, aunque habían tenido la plena luz de la verdad que él les había venido a revelar. Sin embargo, en cierta medida, no comprendían cabalmente lo que estaban haciendo; no percibían su acción dentro del contenido completo del gran conflicto entre el bien y el mal” Libro El Deseado de Todas las Gentes. Elena de White.

Les cuento. Hace más de 20 años en el sector donde vivíamos, nos hicieron una amable invitación a un cumpleaños de un ”ahijado” y con mucho gusto, el sábado por la noche, al salir de la iglesia, nos acercamos hasta allá. Mi esposa, hermosamente ataviada con su vestido de sábado, ayudaba a servir algunos bocadillos y este servidor de traje formal, conversaba amenamente. Cuando de repente, un vecino que vivía en dicho hogar, se colocó detrás de mi esposa y sin ella verlo, la rodeó con su brazo por la cintura. De momento ella pensó que era yo. Inmediatamente me dirigí al personaje y le increpé su falta de respeto. Este se apartó y desapareció. De seguidas abandonamos la vivienda y nos fuimos a casa.

En repetidas ocasiones el vecino y este servidor nos encontrábamos en la vía y obviamente no cruzábamos ni un saludo. Sin embargo, el ESPÍRITU SANTO me impelía a acercarme a él y hablarle. Pasaba el tiempo y en mi vida no había paz. Hasta que un día del mes de Diciembre, lo vi parado en la puerta de la casa donde fue la reunión. Estábamos llegando precisamente un sábado por la noche de la iglesia. Y me acerqué hasta él. Lo miré a los ojos, le tendí mi mano y lo abracé. Me abrazó, nos vaciamos en lágrimas y pedimos mutuamente el perdón.

Hace bastante tiempo nos mudamos del sector y cuando nos encontramos siempre emite elogios de amistad por nosotros y mi familia. Lo cual es honra y gloria únicamente para nuestro Dios. La referencia a este caso muy particular y personal es solo para graficar que quien odia o resiente algo por alguien no vivirá nunca feliz. Si bien es cierto no podemos abrazar y llorar con aquellos quienes acabaron con este país, si podemos perdonar y olvidar. Y en respuesta a eso, orar por ellos para que Dios tenga misericordia. Así tu corazón y tus emociones estarán bajo el control de Dios y podrás vivir tranquilo.

¡Hasta la semana que viene Dios mediante por la WEB!

William Amaro Gutiérrez

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