#OPINIÓN ¿Y si reorientamos el enfoque? Emergencia coronavirus: Perseguimos un fantasma #15Nov

Samuel Scarpato Mejuto | Foto: Archivo IMP |

La gestión de la crisis relacionada con la emergencia CORONAVIRUS de post primavera italiana 2020, está caracterizada por una lenta consolidación de la curva de aprendizaje en la eficiencia de dicha gestión. Esto parece repetirse en el hemisferio occidental. Sin embargo, ¿qué sucede si cambiamos el enfoque y lo acercamos un poco más a la estrategia empleada por las naciones con mayor éxito en la gestión de este tipo de crisis?

En febrero de este año, expliqué en varias redes sociales que nos habíamos concentrado en las medidas de contención y poco en las medidas de prevención. Aún menos concentrados en las medidas de compensación socioeconómica frente a la crisis que llegaría poco luego. En abril 2020 expuse todo esto en mi canal de Youtube “La Aldea del Prof. Samuel Scarpato”. La segunda oleada que estalló en Italia en octubre de este año, amerita reasumir estos argumentos y presentar nuevos elementos para el análisis.

Las medidas de prevención se ocupan de afrontar los factores de riesgo aguas arriba y, en general, en los nodos que puedan desencadenar corrientes de contagios aguas abajo. Se refieren también al refuerzo inmunológico de la población, siempre que sea correctamente identificada la naturaleza y el comportamiento de la cepa del virus. Al inicio del año nos dijeron que se comportaba de modo similar al SARS; en primavera también encontraron comportamientos un poco similares a la malaria y, poco luego, al de la tuberculosis.

Aquellos que estamos habituados a trabajar como investigadores o voluntarios en áreas tropicales (en mi caso en los Andes y en la selva amazónica), tomamos una dosis reglamentaria de quinina (bajo supervisión médica) antes de ir a estos espacios. Esto fue lo que hicimos intuitivamente en casa tres meses antes que se determinara un comportamiento similar a la malaria, porque conocemos algunas enfermedades tropicales. Entonces, ¿el COVID-19 es, más allá de una enfermedad zoonótica, una enfermedad tropical y todavía no somos conscientes de ello?

En cuanto a la tuberculosis, sabemos que está asociada a la desnutrición y, desde al menos un siglo, que uno de sus agentes preventivos es la Vitamina D, en particular la D3. Existen centenares de publicaciones científicas indexadas que dan cuenta de esto. Pero, detengámonos un momento a preguntar, ¿por qué en este particular hablamos de una enfermedad ligada a la inadecuada alimentación?

¿Será cierto que algunos fármacos anti inflamatorios son contra indicados, como se ha observado en enfermedades como el zika, el dengue y la malaria? y, por tanto, ¿el remedio pudiera ser peor que la enfermedad? En este sentido, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) ha publicado entre marzo y mayo 2020 que las presuntas contraindicaciones de fármacos anti inflamatoria estarán bajo investigación.

Ahora otra pregunta aún más importante, si la malaria y la tuberculosis son transmitidas por parásitos y bacterias (no virus “gripales”), ¿por qué continuamos a tratar un cuadro viral tipo SARS?, ¿el COVID-19 es más que un virus de este tipo y aún no lo sabemos? Esto nos lleva de nuevo al tratamiento de las enfermedades tropicales.

Como analista de políticas públicas que apuntan a la gerencia del desarrollo local, sugerí (en febrero 2020) utilizar un sistema de monitoreo similar al estándar HACCP que usualmente se usa en la industria espacial para identificar, monitorear y neutralizar distintos agentes contaminantes en las corrientes aguas arriba y aguas abajo y sus correspondientes nodos críticos, sobre todo en las medidas preventivas (que no son muy rigurosas en la mayor parte de nuestros países). De allí que la gestión de la crisis pudiese ser más sencilla si adoptamos un nuevo y disruptivo enfoque del problema real aguas arriba.

A pesar de ello, el cuadro general sigue pareciéndose al SARS identificado en el brote del 2002-2003, así como al rebrote del 2015-2016. Si es así, ¿por qué occidente no ha aprendido de esta experiencia y sólo algunas naciones asiáticas han aprendido rápidamente a gerenciar la crisis? Naciones con regímenes políticos y económicos tan diversos como Japón o China, Vietnam o Corea del Sur, han consolidado velozmente lo que al inicio hemos denominado curva de aprendizaje. ¿El drama político en nuestras naciones nos impide ver y afrontar el verdadero problema?

La revista científica New England Journal of Medicine, indexada en el servidor MedRxiv (Universidad de Yale), el 09/02/2020 publicó que científicos chinos habían encontrado periodos de incubación de 24 días. Sucesivamente, la Agencia Reuters nos hizo ver el 22/02/2020 en su sección Healthcare & Pharma, que encontraron periodos de incubación de 27 días. Siendo así, ¿por qué en occidente seguimos hablando de períodos de observación de 14 días?, ¿por qué en Asia la curva de aprendizaje es eficiente y la gestión del aprendizaje en Italia y gran parte de occidente pareciese un desastre?

Un héroe italiano contribuyó a salvar Vietnam en el 2003, redefiniendo los protocolos para afrontar la crisis sanitaria del SARS. Hoy Vietnam es una de las naciones que ha gerenciado mejor la crisis del 2020. ¿Habrá sido gracias a su eficiencia en la consolidación de la curva de aprendizaje? Este héroe es el doctor Carlo Urbani, quien se contagió con este virus y falleció cumpliendo su deber. ¿Cómo es posible que el enorme esfuerzo de este emblemático personaje italiano y de su equipo de Médicos sin Fronteras, hoy no sea una referencia central en la gestión de la crisis? ¿Por qué Vietnam escuchó a un científico italiano, e Italia no escucha a la ciencia?

Si la identificación del problema y las medidas de prevención son equivocadas, obviamente las consiguientes medidas de contención serán un desastre. La gestión de riesgos demanda la ampliación del campo visual para ser capaz de identificar las verdaderas causas, por ende, las soluciones más justas y efectivas. De lo contrario, continuaremos corriendo detrás de un fantasma. Y, en medio del desastre, se encuentra un personal sanitario sobre explotado, con orientaciones confusas desde la alta gestión política de la crisis, además de una economía nacional paralizada que amenaza con el surgimiento de un problema aún más grande que el virus. 

Con relación a las medidas de compensación socioeconómicas para superar la crisis, ¿por qué los pequeños productores agrícolas y de manufacturas, junto a modestos distribuidores y emprendedores, no son articulados dentro de las medidas de solución? Estos pequeños conglomerados productivos agrupan el mayor número de familias en nuestras sociedades, son también aquellos que cuentan con menos cantidad de ahorros y, por tanto, menor capacidad para afrontar la parálisis. También en este caso, se requiere la formulación y ejecución de medidas de la política pública que no asfixien a la población.

Si estamos en medio de una grave crisis y buscamos reinventarnos a través de medidas disruptivas, ¿por qué las grandes cadenas de supermercados no son condicionadas a distribuir preferencialmente los productos de los pequeños agricultores locales?, por decir un simple ejemplo para prevenir que más familias se sumen a la completa bancarrota y que, al mismo tiempo, el Estado pueda aliviarse económicamente por cuanto no requeriría la transferencia de tantos subsidios a sectores que nuestros gobiernos han obligado a paralizarse. 

Somos hijos del Renacimiento y tenemos la responsabilidad de reinventarnos en modelos de gestión de la política pública. También estamos obligados a aceptar nuestros errores y asumir la necesidad de corregir el curso de las soluciones.

Samuel Scarpato Mejuto

Twitter: @samscarpato

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