#ESPECIAL Pastor Sequera: La historia de un Guaro de Oro

Luis Rodríguez Moreno | Foto: Archivo |

“Yo nací en esta ciudad, a la que después llamaron la Ciudad Musical de Venezuela. Eso fue un 8 de septiembre y mis padres fueron don Alberto José Sequera e Hilda María, quien dicho sea de paso cantaba muy bien. Mi papá era el director de un grupo llamado Victoria que tocaba música bailable muy solicitada en esa época. Tal vez de allí viene mi pasión por el canto desde que tenía unos 12 años. Mis maestros me buscaban para amenizar los actos culturales en la Escuela Riera Aguinagalde donde estudié hasta sexto grado. Era una manera de poder acercarme a las muchachas. Por eso tuve muchas novias”.

El relato es de Pastor José Sequera, un barquisimetano con una historia musical a cuestas llena de éxitos personales gracias a su estupenda voz y mejor estilo en la interpretación de la música popular.

“Cuando terminé mi sexto grado me inscribí en la Escuela Lara donde ofrecían cursos de mecanografía y taquigrafía. Ya había cumplido los 15 años y no tenía nada definido y ni pensaba que mi futuro estaría cantando canciones. Como el colegio funcionaba muy cerca de la Escuela de Música donde daba clases el gran maestro Héctor Plegatti, quien me escuchó una vez y me animo a que comenzara a estudiar música. Lo hice durante dos años mientras paralelamente el maestro de la bandolina, Ricardo Mendoza, me enseñó las primeras lecciones de guitarra, aunque ya tocaba más o menos el cuatro. Fue entonces cuando de verdad comenzó mi vida artística, para decirlo de alguna manera”.

Hoy Pastor, como le dicen todos sus amigos, vive en Barquisimeto después de una larga pasantía por los mejores lugares de una Caracas que presumía de tener la más excitante vida nocturna.

“Ya los 17 años conocí a Francisco Villazán, hoy un excelente neurólogo, fundador del Barquisimeto IV y gran amante de la música. Con Francisco fundamos un trío al que nunca le pusimos nombre, pero curiosamente ensayábamos casi todos los días. Solamente hicimos un audición en Radio Barquisimeto y nos pagaron cinco bolívares. Francisco, hoy mi compadre, se fue a estudiar medicina en España. Más tarde conocí a Wilfredo Vargas, hijo del gran Juancho Vargas, el gran cantor de Aguada Grande, a Nelson Vargas, Hernán Ramírez, con quienes integramos el cuarteto Los Tetrafónicos”.

La disciplina, la perseverancia y el profundo sentido emocional de cada uno de los Tetra fónicos fue la clave para conseguir la atención de los entendidos de la época. Había descubierto las nuevas tendencias musicales, un rock and roll muy suave donde destaca la armonía en las voces.

-Con el grupo ensayábamos casi todos los días. Una invitación del doctor Jesús Briceño Eckert nos permitió actuar frente a unos invitados muy especiales del conocido médico, entre ellos Rosa Virginia Chacín e insignes jazzistas que asistían a un festival en Barquisimeto. Esa noche cantamos Un hombre y una mujer, Rosa rojas para una dama triste, Insensatez, la Chica de Ipanema y otras que gustaron mucho a esos ilustres músicos. Meses después en una reunión en casa de Hernán Álvarez estaba el gran director musical Aníbal Abreu, quien al escucharnos nos ofreció trabajo en Radio Caracas Televisión. Esa noche hubo una gran discusión y el comienzo de una nueva aventura para Pastor Sequera. ¿Por qué?

Los muchachos no quisieron viajar a Caracas. Creo que tenían “mamitis aguda”. Se negaron rotundamente al viaje, sin mayores argumentos. Sin embargo, aceptaron ir a Maracaibo donde debutamos en un programa de televisión dedicado al Zulia con una buena aceptación por parte del público. Era un solo número, pero desde Caracas nos solicitaron dos temas más. Pese al triunfo que obtuvimos los Tetrafónicos llegaban a su final. Los hermanos Vargas decidieron quedarse en Barquisimeto.

Pastor Sequera estaba seguro de sí mismo y convencido de su futuro. Su próxima parada fue en los Juancheros de don Félix Morón a quien conoció cuando doña Blanca de Villazán, directora del vespertino Última Hora nos presentó en la Casa del Periodista de Barquisimeto.

“Con Félix Morón tuve la oportunidad de conocer casi a toda Venezuela. Ese conjunto era el más fiel intérprete de la música nacional. Con ellos grabé dos temas: Barquisimeto, de Rafael Miguel López y Una Noche, cuya autoría también era de Rafael Miguel. Con Morón estuve varios años y fue una experiencia inolvidable. Al dejar a los Juancheros me contactó Enrique Sánchez quien estaba fundando a la Orquesta Alegría, era como decían antes, el melódico”.

Desde que se inició en el canto, a Pastor Sequera siempre le gustó lo romántico y por ese género transcurrió casi toda su vida profesional. No se arrepiente por eso porque tiene el concepto de que al amor hay que cantarle siempre.

-Mi aventura caraqueña comenzó en compañía de Rafael Chirinos, un excelente arpista. Por intermedio de José Félix Aguilera llegamos a trabajar a la Quinta de Simón, un restaurante de lujo ubicado en el este de Caracas. En ocho meses conseguimos nuevos caminos tanto Rafa como el grupo. Allí conocí a Amado Lovera y a Mario Suárez, quien me ofreció trabajo con su grupo. El mismo me bautizó como el Guaro de Oro. Actué muchas veces con Eneida y Marisol Morillo, hermanas de Lila Morillo, además con Mirna Ríos. Con Lovera recorrí toda la Caracas nocturna, lugares como El Mimo, La Burbuja, Los Curracos, El Torreón, La Vinatería, Cíceron, Decamerón, El Inferno, Los Nopales y muchos sitios de esa Caracas divertida, segura, llena de vida, diferente a la capital que conocemos hoy.

Casi 20 años transcurrieron en la capital de la República antes de la decisión de Pastor Sequera de regresar a la tierra chica. Antes grabó dos temas larenses del doctor Juan Ramón Barrios dedicado a dos personajes populares de nuestra ciudad: Pablera y La Veragacha.

Los Naipes fue un cuarteto vocal fundado por Luis Cruz, el autor del Cumpleaños Feliz venezolano. Era la primera voz y aprovechó la experiencia grupal con las 4 Cartas, un cuarteto vocal caraqueño que interpretaba boleros y música venezolana, los otros tres eran Luis Calzadilla, José Petit y Gerardo Brito, eso fue en los años 80.

Hoy Pastor Sequera no vive de los recuerdos porque tiene una estupenda manera de actualizarlos en el pequeño mundo que construyó en su ciudad natal. Un lugar donde canta y cuenta y recibe a sus amigos más cercanos. La vida lo ha tratado muy bien, tiene siete hijos, dos ellos son excelentes músicos y mantiene un contacto permanente con su amante de toda la vida: la vieja guitarra que lo acompaña.

 

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