Los himnos de fin de año

Orlando Peñaloza | Archivo |
inicio de navida en el obelisco. 22/11/2015..foto ivan piña

Hay dos temas, uno de carácter ocurrente y otro nostálgico que predominan en el ambiente de fin de año y que desde la década de los cincuenta, uno, y desde 1967 el otro, se interpretan incansablemente una vez que finaliza la Navidad y la gente se prepara para despedir el año.

El año viejo, que a pesar de tener infinidad de intérpretes, la versión clásica es la de Tony Camargo, y el otro, Faltan cinco pa’ las doce, con la dicción auténtica del desaparecido Néstor Zavarce.

Año tras año acuden a nuestro encuentro así como el arbolito o el pesebre, con tantas décadas encima que nunca se ponen viejos porque nos visitan como la primera vez.
Al hablar de la hallaca o el pan de jamón, también lo hacemos sobre esas melodías inmortalizadas en el ambiente de fin de año tatuadas en el ideal navideño venezolano, gracias a sus voces o a sus composiciones.

A la par de la gaita, música tradicional de fin de año, o a la compuesta básicamente por villancicos y sones de pascua que se circunscriben al ambiente religioso, se desarrolla esta música que también forma parte de la tradición y cultura del pueblo.

Estos temas que en algún momento de la historia llegaron a nuestras vidas para quedarse, cada año forman parte del repertorio imprescindible de estas festividades.

A inicios de la década de los cincuenta, Tony Camargo, músico de origen mexicano, viajó a Venezuela para realizar algunas presentaciones y fue aquí en donde conoció el tema El año viejo.

A Camargo le gustó mucho la canción y de regreso a su país comenzó a trabajar en un arreglo, manteniendo su ritmo original que era el de porro sudamericano. En el año 1953, grabó un disco de larga duración en donde incluyó El año viejo, acompañado por la orquesta venezolana de Rafael de Paz, tema que lo impulsó a la fama internacional.

El mismo poco a poco fue ganándose la preferencia del público debido al ritmo pegajoso y a su letra, que pareciera ser un tributo a la sencillez de las pequeñas cosas y al desprendimiento de las vanas ambiciones, pues el intérprete aquilata el valor de una cabra, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra.

Antonio Camargo Carrasco, su nombre real, quien imagina a alguien, como reza la letra de la canción, que “no olvida el año viejo”, compartió escenarios con las esplendentes orquestas de los años 50 y artistas consagrados como Agustín Lara y Dámaso Pérez Prado, figura emblemática de una era dorada de la canción mexicana, depositario del oropel y la bohemia.

Hace unos años se corrió el rumor de que Camargo había muerto, pero hasta donde investigamos, se dice que felizmente vive en Mérida, Yucatán, México, que hace unos 4 años le hizo una entrevista la cadena Caracol de Colombia con el periodista Jorge Campuzano, y que hasta hace poco cantaba en la orquesta del ayuntamiento de esa localidad. Tiene 89 años de edad.

Leyendo al nicaraguense Orlando Ortega, quien murió en cierta oscuridad, el colombiano Crescencio Salcedo fue el compositor de este célebre tema, quien a pesar de que en su tierra es reconocido como un gran exponente de la música vernácula, a nivel internacional no alcanzó la fama que obtuvo Camargo.

Al musicólogo creador de El año viejo, fallecido en 1976, se le conoció en su terruño como El compae mochila de los pies descalzos y como El indio.

Sus principales composiciones nos recuerdan que nadie sabe para quien trabaja, pues sus obras dieron fama a los intérpretes que nunca hicieron lo suficiente para resaltar el mérito del compositor.

Crescencio Salcedo es el autor de El hombre caimán, que le diera la fama al insuperable cantautor colombiano José María Peñaranda y que se conociera luego como Se va el caimán.

Otra de sus creaciones fue La múcura, que inmortalizó el gran Beny Moré y que tiene múltiples versiones. También es de su autoría Mi Cafetal, que en su momento interpretaron

Los Panchos y que a finales de los años sesenta nos regaló una bonita versión Hugo Blanco, grabándola también la orquesta Los Melódicos con el recordado Víctor Piñero.

El himno de Zavarce

En 1967 se grabó el disco Cinco pa’ las doce y de entrada impactó. Se trataba de una voz realmente envolvente, que acompañado por un conjunto donde predominaba un xilófono y una guitarra, el primero simulaba un reloj sonando doce campanadas, dándole entrada al cantante que entonaba: Las campanas de la iglesia están sonando, anunciando que el año viejo se va. Era la interpretación del actor y cantante venezolano Néstor Zavarce que inmediatamente se convertiría en un éxito.

Zavarce se había hecho famoso con El pájaro chogüi, del cual vendió millones de copias a inicios de la década de los sesenta. Faltan cinco pa’ las doce fue compuesta por Oswaldo Oropeza (+), integrante del grupo Los hermanos Oropeza quienes le acompañaron en dicho tema.

Desde entonces, la melodía se unió a El año viejo para marcar su presencia en todas las fiestas de fin de año en gran parte del mundo. Zavarce murió a los 74 años y vivió su retiro en una casa en los Altos Mirandinos, cuidando árboles frutales y flores.

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