#ESPECIAL Dr. Jorge Rosell: “Estoy decepcionado del sistema judicial”

Rosmir Sivira | Foto: Daniel Arrieta |

Aunque su oficio le exige ser un hombre de firme carácter para la toma de decisiones, conocimos de él un lado humano y ocurrente que develó otras de sus cualidades. Se trata de Jorge Lermit Rosell Senhenn, exmagistrado de la extinta Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), quien asistió esta semana al acostumbrado Desayuno Foro de EL IMPULSO. Las risas saltaron más de una vez sobre la mesa, por las tantas anécdotas de felicidad que le hicieron recordar el orgullo por su familia y pasión por las leyes.

Fue recibido por el director del diario Juan Manuel Carmona; el director editorial, José Ángel Ocanto; el jefe de redacción, Juan Diego Vílchez; la jefa de información, Keren Torres Bravo; y quien suscribe estas líneas, en un plácido encuentro en el que confesó ser de pensamiento izquierdista desde su juventud.

A sus 76 años de edad, con orgullo relata haber nacido frente al Parque Ayacucho de Barquisimeto en 1941, lugar donde recuerda, “se concentraba anteriormente la zona residencial de la ciudad”. Entre risas y juegos comenta que allí ya no se puede colocar una placa póstuma en su honor, puesto que en la calle 43 con carrera 15, donde nació, se encuentra actualmente una arepera.

“Mi familia se instaló en la zona al llegar de Valencia. Mi papá, Lermit Rosell, fue designado en 1940 gerente de la Singer para Lara y eso ocasionó que vinieran a Barquisimeto”, comentó el jurista, quien dijo ser nieto de “musiús”, de familias catalana y alemana. Su madre era Isabel Mercedes Senhenn.

Describió su infancia como una vida bucólica, pintoresca para aquel entonces por la hermosura del Parque Ayacucho, que aseveró parecía un bosque con bancos de mármol y hermoso monumento.

“Mis amigos dicen que yo soy más valenciano que barquisimetano, pero no es verdad. Yo soy barquisimetano de pura cepa… Pero me casé con una valenciana”, expresó al hablar de sus orígenes y su familia.

Lermit Leopoldo Rosell, Isabel Cristina Rosell y María Beatriz Rosell, todos magísteres, son sus hijos. Los dos mayores juristas y su hija menor ambientalista; profesionales de dilatada trayectoria que siguen los pasos de este barquisimetano que aún cree en la recomposición del sistema judicial venezolano.

-¿Cómo fue su vida en Barquisimeto?

-Nací en Barquisimeto y estudié en el Colegio La Salle. Pero los dos últimos años nos tuvimos que ir al Liceo Lisandro Alvarado, porque sólo había bachillerato en ciencias en La Salle.

-¿Fue mal alumno?

-Tirador de piedra… Por eso me mandaron a un internado en Los Teques.

-¿Cómo recuerda la educación lasallista?

-Estudié con Rafael Marcial Garmendia, Ricardo Hernández Álvarez y Jack Pérez Viacava, gente de Barquisimeto… Como uno de los días más felices de mi vida, recuerdo mi Primera Comunión. Eso debido a la educación religiosa de aquel entonces… Además añoro la cantina de Claudio Ure, que también era el portero del colegio. Recuerdo los sánduches de mortadela y los refrescos Bidú… Para ese entonces gastábamos real por el sánduche y medio por el refresco.

-¿Qué lo motivo a estudiar derecho?

-En realidad yo quería estudiar psicología, porque leí unos libros y vi una materia llamada Filosofía y Psicología. Me encantó aquello. El único sitio donde se estudiaba era la Universidad Central de Venezuela y yo tenía contactos para la residencia en Caracas como estudiante de pensamiento de izquierda… Pero mi mamá como mujer de carácter, alemana al fin, me dijo que no iría para allá, sino para Valencia, a casa de un tío político, Francisco Briceño Urbina, juez… Lo que había allá era derecho y no es que me gustaba, pero a veces la educación se va haciendo y uno poco a poco va enamorándose de lo que estudia. Yo no me imaginaba ser juez, pero vivía en la casa de un juez honesto, inteligente y estudioso. Fue a través de él que empecé a tomarle gusto a la judicatura. Me gradué de abogado, pero en esa época para ser juez era necesario tener un carnet de AD o de Copei… Cuando me gradúo, mi familia quería que me quedara en Valencia, pero yo me fui a Calabozo porque allá estaba iniciando la Reforma Agraria y había un gran movimiento arrocero. Creamos alrededor de 200 cooperativas de producción y consumo, pero un día, sin medio en el bolsillo, empecé a hacer contactos y me gané el poder del Concejo Municipal, Clínicas Unidas, Banco Agrícola y Pecuario y varias empresas… Luego monté un bufete en Valencia con un amigo de estudios.

-¿Cuándo conoció a su esposa?

-Conocí a Milagros Pérez Mirabal, doctora en docencia, mi esposa, en un tribunal en Valencia. Ella quería estudiar educación, pero su papá no la dejaba ir a Caracas, por lo que también estudió derecho… Trabajaba de escribano. Un día voy a un tribunal y pedí que alguien me prestara un bolígrafo. Ahí apareció ella y me cautivó… Luego la conseguí casualmente caminando cerca de la Facultad de Derecho de la universidad. Estaba leyendo un texto de Oscar Wilde y empezamos a conversar sobre el escritor. Nos fuimos a tomar un café y quedé flechado totalmente. De hecho la acompañé hasta su casa… Nos casamos el 13 de diciembre de 1969.

-¿Cómo llega a ser juez?

-Me quedé en Valencia, pero en 1969 crearon el Consejo de la Judicatura y el primer presidente fue el señor Rafael Pizani. Vi una oportunidad. Pedí una cita con él y me presenté… Yo ya había trabajado en tribunales, porque estudiando fui alguacil, escribano y secretario de un tribunal civil. Conocía el medio judicial porque fui estudiante y practicante… Luego de la entrevista me pidió escoger uno de los tribunales disponibles y, recién casado, me tomé 15 días para recorrer las ciudades y pueblos donde estaban disponibles los tribunales, junto a mi esposa… Nos encantó Adícora y lo seleccioné para ser juez de municipio. Yo pasé dos años y pico allí, donde también nació mi hijo mayor Leopoldo… Recordamos esa etapa con mucha nostalgia.

-¿Cómo fue su experiencia como juez municipal?

-En ese entonces comencé a preocuparme por los problemas del pueblo. Por chismes de diferencias entre vecinos o riñas por una gallina, yo abría una investigación, porque la función del juez de pueblo es solucionar los problemas antes de que se agraven. Hacía juicios orales. No pasaba de un regaño o un arresto, luego con medida sustitutiva… Al tiempo recibí una esquela del poeta José Ramón Medina, que fue el segundo presidente del Consejo de la Judicatura, en la que me decía que según información estadística la delincuencia había aumentado en Adícora con mi paso como juez. Eso fue así porque antes de mi llegada esas averiguaciones no existían.

-¿Y cuando vuelve a Barquisimeto?

-Luego de Adícora me designaron juez de instrucción de Barquisimeto… Volví en 1962 y me instalé en casa de mi mamá. Luego me designaron Juez de Primera Instancia Penal. Después fui Juez Superior en Caracas, en el Juzgado Sexto, pero era el mismo sueldito. Al designar allá al juez de salvaguarda, pedí al año el cambio a Barquisimeto… Mis hijos ya estudiaban bachillerato acá y mi mujer daba clases en la universidad. A mi regreso formé parte del Juzgado Superior Cuarto, donde estuve año y medio. Para luego pasar a Juez Superior Primero tras la jubilación de Jorge Humberto Aguiar, cargo que ocupé por dos años. Los otros tres años los pasé en comisión de servicios en la redacción del Código Procesal Penal… En el año 1996 me designaron magistrado de la Corte Suprema de Justicia en la Sala Penal…

-¿Cómo fue ese proceso?

-Todos los que entramos ahí éramos doctores en derecho, profesores titulares universitarios y con larga carrera judicial, habiendo sido jefes superiores.

-¿Dónde impartió clases?

-En el Pedagógico. Siempre me llamaron de otras universidades, pero trabajé en el Pedagógico y le tomé mucho amor a una materia que se llamaba Formación Ciudadana, para preparar a los educadores en temas como Estado y derechos civiles, ya que luego serían ellos los que darían clase al futuro. De hecho escribí dos libros sobre eso. Di la materia durante 30 años, pero luego la eliminaron…. El problema actual es de ignorancia, por la falta de educación formal de este tipo, porque si se le pregunta a un profesor qué es el Poder Legislativo, no saben qué responder y son los que forman a nuestros muchachos.

-¿Cómo aprecia el proceso de cambio en lo judicial?

-Las decisiones muchas veces se extienden por las formalidades de los procesos en términos de justicia. No hay razón lógica para que algunos juicios tarden tanto. Lógico es que no tarden mucho. Nosotros calculábamos que tardaran tres meses, pero ahora duran años… Yo fui corredactor del Código Procesal Penal, pero ahorita estoy desencantado con lo que sucede con la justicia penal. La reforma penal o nuevo proceso penal venezolano fracasó… Lo que pasa es que la justicia penal no cuenta con los recursos económicos, materiales ni humanos para dar una respuesta oportuna. Además se ha politizado… Se supone que en el juicio oral, con etapa preparatoria de pruebas, hay el principio de concentración, que abolió el antiguo sistema inquisitivo escrito, por lo que el juicio debería ser volando… Pero al momento de la realización del juicio, faltan el Fiscal del Ministerio Público, los testigos u otras figuras y eso acarrea diferimientos. De diferimiento se convierten en juicios eternos. Eso es por la falta de recursos. Tampoco hay suficientes jueces, fiscales ni defensores, porque un Fiscal del Ministerio Público puede tener hasta 500 casos… También ponen de juez a gente que no está preparada y que le da miedo decidir. Esa era mi filosofía. Decidir conforme a las pruebas, a pesar de que eso genera problemas.

-¿Qué opina como exmagistrado del llamado a Asamblea Nacional Constituyente?

-La situación que vivimos se debe absolutamente a la manipulación que tiene el oficialismo sobre los medios de educación, lo que les impide participar en la educación ciudadana… ¿Cómo es posible que en un país democrático se haya asfixiado a cientos de medios de comunicación? Sumado a la autocensura de las televisoras… Estamos viviendo en un país de dictadura. Algo que no es democrático, porque este es un sistema de Gobierno donde no se respeta la ley, sino que se actúa no por el bien común, sino conforme a sus intereses. En un Estado de derecho se respeta la ley y es imposible que suceda esto que está ocurriendo con la Constituyente, porque la única facultad que tiene el presidente es la de tener la iniciativa, pero la convocatoria es el pueblo, lo dice la Constitución y pareciera que parte de la ciudadanía lo desconoce. Eso es educación.

-¿A su juicio, puede un tribunal militar juzgar a civiles?

-Es errado porque la ley establece que los delitos de naturaleza militar son aquellas acciones que desobedecen deberes militares y un civil no tiene deber militar…. Indiscutiblemente se trata de una irregularidad que puede ser penal.

-¿Es eso un delito de lesa humanidad?

-Una de las características de estos crímenes es que son sistemáticos y persistentes por parte del Gobierno… Pero hay una razón política y ahí sí pudiese haber un delito de lesa humanidad por parte del Gobierno. De las acciones que vienen del Ejecutivo hacia la población, sí los hay por ser ataques permanentes y reiterados, además que la Constitución prohíbe reprimir las manifestaciones a través de armas de fuego y sustancias tóxicas. Allí está claramente establecido, pero vivimos en un país sin orden…. Nos vienen a meter la coba y a decirnos que no nos preocupemos, porque la Constituyente irá a Referendo Consultivo, pero creo que en caso de que se apruebe es muy seguro que no lo haya, porque ya ellos tendrían todo el poder, dado por la misma Asamblea Constituyente. Como lo hizo la Constituyente de 1999, al disolver la Corte Suprema de Justicia y designar nuevos magistrados, a dedo.

-¿Usted fue uno de los magistrados que sobrevivió a la transición. Cómo lo logró?

-Sí. Uno de los magistrados que pasó de la Corte Suprema al Tribunal Supremo de Justicia fui yo… A mí me conocían por mi pasado tira piedra, pero no sabían que yo no era un juez rojo rojito. A los seis meses pedí jubilación y me retiré por un escándalo, por advertir hace diecisiete años lo que está pasando ahora.

-¿Qué poder tiene la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz?

-Tiene el problema de tener poder de denuncia, pero no poder de decisión. Ella busca las pruebas, pero quien decide son los jueces. Ella solo puede pedir antejuicio de mérito al Presidente. Sólo puede acusar y proponer las pruebas, pero esto es ante el Tribunal Supremo de Justicia, que es quien va a decir… En los países donde no se tienen instancias a las cuales acudir queda la calle. Esto que estamos haciendo. Además la calle está protegida por los artículos 333 de la Constitución que establece el deber de los ciudadanos de protegerla, y el 350, que establece el derecho de instituir el sistema democrático venezolano. Eso se traduce en desobediencia civil ante una orden ilegal.

-¿Cómo evalúa el reciente llamado que hizo el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López a la Guardia Nacional Bolivariana?

-La reacción de Padrino López es consecuencia de la presión de calle. Si él no viera que la calle se la están arrebatando, que la desobediencia civil lo está rebasando, no dijera nada… Está reconociendo los abusos que se están cometiendo, debido a la presión nacional e internacional… Ya se han dado cuenta que no pueden ir más allá con su política represiva y hay signos importantes como la conversación que se tuvo con Leopoldo López.

-¿Recientemente ha recibido una importante responsabilidad como Coordinador en Lara del Frente para la Defensa de la Constitución y la Democracia. Cómo se siente?

-Eso viene de la Asamblea Nacional y la Mesa de la Unidad Democrática, que en Lara junto a la Red de Instituciones Larenses, me designaron como coordinador general. También hay una coordinación Ejecutiva, en la cual participan el doctor Marco Tulio Mendoza, Luis Rodríguez, Juan Tirado y Jorge Euclides Ramírez. La idea está estructurada conforme a los distintos derechos fundamentales establecidos en la Constitución, porque lo que queremos es decirle a la gente qué es lo que vamos a perder en caso de ir a la Constituyente… Somos treinta personas trabajando en un material que será expuesto a la población.

-¿Qué se perderá?

-Han anunciado un nuevo sistema económico, donde el Estado será quien tenga el control de toda la producción y distribución de bienes… El propósito del Gobierno ha sido siempre el de acabar con la empresa privada, como lo ha hecho eficientemente. Ese es el marxismo – leninismo, porque el problema que tiene Venezuela, desgraciadamente es ideológico…. Pero no han podido hacer lo que se hizo en Cuba porque esta es una época diferente y este es un pueblo de 30 millones de habitantes. Además, ese era un movimiento digno en aquel entonces. Luego fue un movimiento despreciable… Actualmente lo que tenemos es un bojote de vagabundos. Pero hay que ser cuidadosos.

-¿En una transición se podría ver a Jorge Rosell como presidente del TSJ?

-Esa es una eventualidad poco probable.

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