#Editorial: Seamos ciudadanos

En nuestro país existen dos grupos de venezolanos que identificamos como “habitantes” y “ciudadanos”. Los primeros representan la mayoría y los otros -apenas residentes- sin muchos compromisos con su hábitat. Para comprender las diferencias, es necesario exponer sus significados.

Es “habitante” quien habita, del verbo “habitar” (latín habitare, frecuentativo de habere que significa tener) y el sufijo “-nte”, equivalente a qué o quién realiza la acción. Es decir, un habitante es simplemente un individuo que vive u ocupa una casa, apartamento, provincia, país, región o una comunidad.

En el caso de “ciudadano”, deriva del latín civitas, civitatis (igual a ‘ciudad’), y se estructura con el sufijo “-ano”, que denota pertenencia o procedencia. Un ciudadano es, entonces, miembro de una comunidad organizada que le confiere derechos y obligaciones para cumplir y ejercer activamente.

Al comparar ambos términos, concluimos que mientras el habitante es meramente un individuo que ocupa o habita un lugar sin relacionarse con su contexto, el ciudadano se vincula con su entorno donde la convivencia lo estimula a permanecer en un mismo espacio compartido con otros seres humanos. Esa circunstancia, implica un desarrollado sentido de identidad y pertenencia en el área donde interactúan. Además, se desenvuelven socialmente con responsabilidad, exigiendo respeto a sus derechos y cumple con sus obligaciones en función de una sociedad democrática más justa.

Si hacemos una analogía de estos conceptos con el venezolano de hoy, podemos deducir cómo una gran mayoría pasiva se limita sólo a ver y opinar sobre la realidad actual, mientras que un grupo minoritario, con arraigo venezolanista, trabaja y lucha por los derechos y el desarrollo de la comunidad, ciudad y país, en busca de una democracia, cuyo único sistema político puede garantizarle el estado de bienestar.

De esta manera, el ideal de ciudad o país que queremos, no lo será mientras dejemos en manos de políticos y/o grupos minoritarios, el control y las decisiones importantes. Debemos estar conscientes que sólo será posible con la participación activa de todos.

Hemos sido testigos, de cómo en los últimos años el Gobierno central, ha derrochado fortunas en proyectos, obras, armas, subsidios a otros países, creación de institutos o ministerios, por nombrarse algunos, mientras que en Venezuela no hay alimentos ni medicinas, una delincuencia desbordada, y la corrupción se ha robado los fondos de la nación.

Una situación similar ocurre con los gobiernos estatales y municipales. Han gastado millones de bolívares en ornatos, obras y proyectos decorativos, mientras en las ciudades reina el desorden, la anarquía y el abuso.

El país atraviesa por una delicada crisis que se extiende a todos los niveles. Es hora de que ese grupo de habitantes, asuma su sentido de identidad y pertenencia como venezolanos que son, y pasen a formar filas de los ciudadanos que trabajan por una anhelada Venezuela libre y democrática.

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