El Rincón de los Miércoles 30/12/2015

Luis Rodríguez Moreno |

I

Mañana se termina el 2015, un año donde apenas se puede recordar el espectacular y merecido triunfo de la oposición venezolana en las elecciones parlamentarias. Casi nada podemos apuntar al positivismo que hubiese permitido un mejoramiento de las condiciones de vida de la población. El gobierno, lamentablemente, perdió la brújula y se estrelló en los arrecifes de la malquerencia, ignorando olímpicamente a los que clamaron por un cambio de rumbo en la navegación. Se mantuvo, como hemos dicho antes, la crispación, como una manera de apuntalar un sistema político que ya no da para más. El diálogo, tantas veces reclamado por el conjunto de los venezolanos, tuvo oídos sordos de la cúpula gobernante que no reconoce errores, pero los comete diariamente. En el 2015 los ciudadanos han soportado las consecuencias de la mala ejecución de esa política hasta el hartazgo. Estoicamente han permanecido en las colas frente a los centros de consumo en cuyo interior no hay mucho que buscar para satisfacer la demanda de alimentos o medicinas, una situación que todavía se mantiene para desesperación de los consumidores. El país, como era de esperarse, reaccionó ante la inacción de los gobernantes creando un verdadero tsunami electoral que inundó de votos las urnas como señal de una protesta con la única arma que tiene la democracia para el cambio. La victoria opositora ha sido de alguna manera una catarsis que permite reunir fuerzas en el 2016 y para seguirle la huella que dejan visible los que han luchado por la libertad ayer y hoy por un mañana luminoso para nuestro pueblo. El 2016 no será precisamente un camino de rosas. Se han cometido demasiados errores en el pasado que hay que rectificar con la ayuda de los venezolanos inteligentes, de buena voluntad y sobre todo con suficiente vocación de servicio.

II

POCO movimiento citadino en los días navideños. La severa crisis ha obligado a la gente a quedarse tranquila en sus casas compartiendo lo poco que se les ofrecía en una fecha que siempre se ha caracterizado por el ambiente alegre y contagioso que se observa en todas partes. Esta vez no ha sido así. La ciudad musical de Venezuela mostró su rostro más oscuro en todo el sentido del vocablo. Nunca vimos a los viejos aguinalderos y tampoco a los gaiteros zulianos, las misas de la madrugada, si se oficiaron, fueron a puerta cerrada a causa de la inseguridad. Y en los hogares escaseó al tradicional pan de jamón, casi una joya por el precio que se tuvo que pagar por cada uno. Igual sucedió con las hallacas que se vistieron de etiqueta. Y qué decir de los pocos regalos en los arbolitos de navidad y de las bebidas espirituosas que nunca faltaban para brindar. Y lo más doloroso, la ausencia de tantos seres queridos que tuvieron que marcharse del país en busca de una mejor calidad de vida, de esa que disfrutaron un día y la cual les arrebataron miserablemente. A la Nochebuena le faltó la música de la Billos que nos invitaba a bailar antes de los intercambios de regalos, a la cena de los empresarios en el compartir el pan y el vino con sus trabajadores. Esta vez si hubo pan, no hubo vino en la mayoría de los hogares venezolanos. Los más pudientes se refugiaron en los hoteles donde ofrecieron cenas muy modestas en contenido y casi prohibidas en el precio por el aumento casi desproporcionado que debieron pagar los dueños de esos lugares para adquirir los productos de consumo. En síntesis, una navidad que no queremos que se repita en los años por venir.

III

Los venezolanos siempre han mostrado temple a la hora de enfrentar los problemas. En época de una crisis que ya lleva demasiado tiempo la responsabilidad de cada uno tiene que multiplicarse para sobrevivir a la crisis e iniciar en largo camino que conduce, en primer lugar, a la reconciliación nacional. Vaciar las cárceles de presos políticos es uno de los gestos de mayor valor que pueda tener gobierno alguno. Un país donde existan detenidos de conciencia no tiene en ninguna circunstancia el respeto de la comunidad nacional e internacional. Venezuela tiene la urgencia de recuperar ese respeto y dar ejemplo de convivencia. Pregunte el lector a cualquier compatriota si está de acuerdo con una Ley de Amnistía que regrese a los presos a sus hogares y estamos seguros que la respuesta será positiva en un mayoritario porcentaje. La diversidad de pensamiento, la tolerancia, el reconocimiento y la coincidencia de buenos propósitos e ideas permitirá al país mirarse de frente y no de espaldas. Superar lo que nos separa es la asignatura pendiente para este 2016 que apenas comienza. Vamos a darle la mano a la esperanza y al optimismo. Somos poquísimos en un territorio muy grande. Todos cabemos en esta Tierra de Gracia.

¡Feliz Año!

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