FOTOS: Vestigios de un mural #11Nov

Texto y Fotos: Luisana Zavarce |

No lo escucharon porque solo era el artista. Sugirió cubrir la parte superior del muro para que no se filtrara el agua. Pero nadie le hizo caso, él solo era el artista. Esteban Castillo sabía sobre pintura, escultura y geometría. Pero no sobre construcción. Ahora su mural, al que llaman El Mural del Garabatal, pierde partes. El agua fue haciendo su oficio. Una tarea lenta, de años; nueve exactamente. Se deslizó entre las cerámicas y la base sustento. Ahora las cerámicas se ven rotas, abombadas y sucias. Otras están manchadas con grafitis. También hay espacios sin color que interrumpen el diseño. Está arruinado.

-Lo que quisiera es verlo arreglado. No puede ser que cuando paso cierro los ojos. Cada vez está más estropeado.

-Aunque será diferente.

-Va a ser diferente. No me lo he podido imaginar. Tengo la imagen de cómo lo dejé, es la imagen que conservo.

La imagen que conserva Esteban Castillo es la del viernes 6 de marzo del año 2009. La imagen del día en que los obreros terminaron de pegar las últimas cerámicas de su mural Geometría y Color para Barquisimeto, que se encuentra en el sector El Garabatal. Durante dos años se trabajó, pintando y pegando cerámicas.

El mural nunca se inauguró y no tiene placa que lo identifique. Ahora, planean restaurarlo.

Fue idea de la Alcaldía de Iribarren. Un lunes por la mañana del año 2007, Esteban Castillo lo recibió en su casa-taller, junto con un equipo de personas. Necesitaban saber su respuesta. Ya para entonces, la Alcaldía había trabajado en el proyecto de un mural para el sector El Garabatal. Se reunieron con arquitectos, pintores e ingenieros. Esteban Castillo escuchó sobre la idea, pero no se interesó demasiado porque no le gustaba esa pared. Le pareció –le sigue pareciendo– que tenía la forma de un esófago y un estómago, porque al principio es delgada y luego se ensancha. Por insistencia de amigos artistas, que pensaban que era él quien debía resolver plásticamente ese espacio, decidió hacerlo. Esteban Castillo aceptó el proyecto del alcalde Henri Falcón, cuya visita no duró más de 15 minutos.

Pasó meses pensando qué color y cuál forma escoger. No era solo poner un cuadrado aquí o un triángulo allá. Decepciones, logros, alegrías y tristezas en cientos de dibujos. Rompió, coloreó y volvió a dibujar. Le bastaron entre 250 y 300 bocetos para llegar al último diseño; un diseño lleno de formas geométricas y colores. Ya era el momento de fabricar.

A José “Chema” González lo escogieron, junto a la empresa Artifuego, para ser el que materializara el diseño de Esteban Castillo. Es alto, fuerte y lo suficientemente atrevido para pintar aquel rompecabezas. Saca, de una caja de cartón en su taller, 21 papeles grandes que forman el último diseño del mural, los que se usaron como guía para pintarlo. En uno, se lee el número 30791; corresponde a la última cerámica en el croquis.

Al comenzar, las cerámicas eran pálidas. Lo primero que hicieron fue enumerarlas a mano en su revés por los obreros de Artifuego. Así se seguía el orden del plano, para situarlas en un enorme caballete donde se pintaron con aerógrafo en grupos de 800.

-Mucha gente pensó –dice José “Chema” González- que se habían mandado a hacer las cerámicas por color, se cortaron y se empataron, cuando eso no fue así. Fue pintado. Hubo una pieza que tenía 7 colores.

Las cerámicas recién pintadas entraron en el horno. Al salir, eran brillantes y se habían transformado. Se había cumplido la técnica del Tercer Fuego. Algunas, se quebraron. Hubo que hacerlas de nuevo, viendo el número del reverso.

-Eso es lo que se llama en producción “puntos variables”. La variable era cuántas se están partiendo, entonces es cuántas se partían al instalarlas, cuando se bajaban de pintarlas, en el horno y al llevar las piezas al sitio. Entonces eran 4 factores por donde se rompían. Y si eso llegaba al viernes, yo tenía que reparar las que se partían en la semana. Yo no avanzaba con el mural.

-Llegaban blancas otra vez.

-Tenía los mismos colores que había usado en la semana… Otra cosa que afectó mucho al mural, fue que se quiso para el día de Barquisimeto –el 14 de septiembre- Entonces empezaron a presionar. Si nosotros empezamos el mural en marzo, y por una semana, sacábamos 2 tableros de cerámicas, imagínate que nos agregaron que en una semana teníamos que sacar 3 tableros, trabajando fin de semana. Entonces presionamos todo el proceso de elaboración. Porque si tú en una fábrica estás produciendo equis producto, si en una semana haces tanto, tú no puedes decir “vamos a sacar más en la misma semana” porque empiezan las fallas. Eso no lo calcularon desde la Alcaldía. La Alcaldía dio una orden “están muy lentos, y queremos el mural para septiembre”. El mural nunca estuvo en septiembre.

Muchas piezas se deslizaban y se partían. Incluso, llegaron a embalarse en el orden incorrecto, por lo que casi se pegan desordenadas. Esteban Castillo manifestó su descontento. Algunas se veían mal pintadas, de tonos distintos del mismo color. Otras, se pegaron rotas. Para arreglar esto, se pintaron y pegaron unas 5 mil cerámicas más de las previstas.

Llegó septiembre, el mural no estaba listo, no se inauguró y los factores de haber apresurado el mural fueron inútiles.

Hay un espacio donde se ve el frío gris del cemento. En ese lugar, iría una placa. Una placa que identificaría la obra, el testimonio de más de medio siglo dedicado al arte, de las vivencias y del abstraccionismo geométrico de Esteban Castillo. Identificaría también los nombres de los trabajadores que participaron en la obra. La única identificación del mural, es la firma pintada a mano por Esteban Castillo sobre una serie de cerámicas azules. A pocos metros, ya hay cerámicas caídas.

-No sabían que iban a poner –dice Esteban Castillo- hubo un momento en que se pusieron casi de acuerdo, pero entonces volvieron a romper la relación…

-O sea, básicamente ¿no le pusieron placa porque no sabían qué nombre le iban a poner?

-Sí. Eso fue lo que pasó

-¿Eso fue entonces “terminamos, gracias por todo”?

-Sí. Faltó visión ahí a los políticos.

-¿Y los periodistas?, ¿nadie intentó decir nada?

-A veces uno que otro comentario con relación a eso. La gente decía “no, que tú no has protestado”. Pero yo no podía salir desnudo a protestar.

Henri Falcón comenzó el proyecto del mural siendo alcalde del municipio Iribarren. Luego, fue electo como gobernador del estado Lara el 23 de noviembre del 2008. Cuando Henri Falcón fue electo como gobernador, su sucesora fue Amalia Sáenz. Un problema político entre los dos ex alcaldes dejó la obra sin inaugurar.

-Yo solo sé que al maestro nunca tuvieron la delicadeza o el respeto de inaugurarle el mural- dice José “Chema” González

-Y luego de terminar el mural ¿la Alcaldía nunca conversó con usted?

-Ni un reconocimiento, ni un certificado en papel con un sellito de “fue usted el que pintó”.

Es 2018, nueve años desde la culminación del mural de Esteban Castillo. El actual alcalde del municipio Iribarren, Luis Jonás Reyes, se reunió con el artista para hablar sobre el interés de restaurar su mural.

-Ese es un hijo mío esa obra. Es como si a un hijo tenga que cortarle un brazo, puede ser por una enfermedad, que tú digas “bueno, hay que amputar”, pero no es nada agradable como para que uno va a decir “¡Bravo!”.

Se piensa tumbar un extremo, donde las cerámicas ya se han caído en grupos grandes. Con las cerámicas despegadas, aspiran rellenar los demás espacios vacíos. Esteban Castillo entregó el diseño donde indica por dónde harán el corte y dice no querer ser parte del proceso como la primera vez. La Alcaldía no ha dado más detalles al respecto.

Mientras, los carros siguen pasando por la avenida y los aviones siguen aterrizando cerca. Sigue filtrándose el agua y aún se ve el espacio vacío donde iría una placa. Siguen los grafitis blancos y permanecen las cerámicas quebradas.

Se sigue indiferente.

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