lunes, diciembre 6, 2021
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#OPINIÓN La duda de Juan Pescao #18Oct

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» Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado».

«Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los ‘cómos'».

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«El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación»»

Friedrich Nietzsche

Juan Pescao tiene una duda. No sabe lo que ayudaría ir a sufragar y menos por quién votaría. Tampoco sabe cómo se come un plato de sufragio. Supongo que frito, pensó, y es que todo lo frito, sabe bueno. Lo que no está bueno, es estar frito. Rió a sus adentros como un niño travieso que anda atravesado con lo del asunto de sobrevivir y el convivir.

Por allá sobrevive y convive en el pueblo de Macho Muerto cercano a la costa con un montón de trabajadores sin empleo del pescado salado y la cecina. El pueblo honra su toponimia pues andan como zombies. Cumplió los 33, la mal llamada edad de Cristo y es más ignaro que el perico de la abuelita Lichita pero es fiel creyente de la Virgencita del Valle-Vallita.

Tiene hijos regados por la vía, como se dice por ahí, como arroz. La chismosa del pueblo mienta que tiene 25 retoños. Mucho se dice del poder de su caña de pescar, larga, dura y resistente a la brega y al salitre vaginal. Por supuesto, JP está y se le nota, orgulloso de su herramienta, con la que no solo ha pescado penuria y pobreza sino 25 bocas que alimentar. ¡Ay hijo er diablo!…

Lo simpático de JP es que tiene pavor  al agua y de echarse al agua ni hablar; cada vez que salen a la faena, nunca va solo, y jamás usa trajes de baño. Afirma que si cae por la borda, morirá sin duda. Esa duda no la tiene. La única duda que le sigue todo el día y a todos lados, es la de cumplir con el país. Escucha de la gente motivando a ejercer su voto y el derecho a opinar y expresarse. La caña le tiembla como detector de mentiras y feromonas ante políticos corruptos y damas en celo. 

JP, caña en mano, va montando las olas de la vida. La marejada del naufragio. El mareo de la ignorancia y la miseria. En eso se volvió un experto pescador. Por eso le dicen Juan Pescao, porque como el pez y el pobre,, mueren por la boca y el bonete vacío de su vida. 

Como todo el pueblo, asiste a la soflama política cuando ela arriba a promoción del programa de gobierno. Cada período electoral, invariablemente, solo cambian las promesas, jamás su incumplimiento. 

Está dispuesto a sacrificar su apatía e incredulidad a cambio de enganchar un futuro mejor para todos los zombies de su comarca insular.

Oyó que en la isla, el 70% del sector de la pesquería está parado sin faenar, por escasez de gasoil y dólares para pagar el aceite de motor. Los atrevidos hacen viajes ilegales a costa firme en busca de ingresos, donde más de un inocente desaparece en alta mar, quien sabe si comido a dentelllada por peces bravos o ahogados en el negro fondo acuoso de un abismo Caribe.

JP será ignaro pero no pendejo. No se echa ese cacho de agua ni de broma. Si algo le espanta es una mandíbula de un tiburón sarda o toro (más temido que  el tiburón blanco) o el negro esófago de un mar profundo e ignoto.

Aunque le teme al agua, siempre anda con el agua al cuello. Apenas respira cuando tiene que pagar las cuentas y mantener a la pandilla familiar. Ni que hablar cuando se trata de saldar deuda con el país. Más de una vez se paseó por la idea que votar, era una forma de hacerlo. Lo que no le cabía en la terba era, cómo su voto aislado y perdido, podría cambiar la vida a los náufragos y a los zombies de nuestro pueblo, regado por la miserla a lo largo de la república. Las dudas siguen in crescendo.

JP tuvo el privilegio de haber conocido al famoso biólogo Marino Chuito Marín,  quien había hallado una perla de rango XXXL en mitad del mar abierto en época de Rómulo Betancourt, y se decía que era de origen Alienígena. Este relato se da por cierto en la mitomania neoespartana. De acuerdo con la historia, el joven Chuito Marin y dos marineros hallaron un portal multiverso y a un personaje galáctico llamado Viernes, casi inmortal, que guió a los 3 incautos a través de otros sistemas planetarios.

Existe un relato escrito de este cuento de realismo mágico llamado «Hechizo de Perla» que puede hallarse publicado en este mismo diario. .

JP amó éste relato cuando alcanzó a leerlo y luego de conocer al gran  biólogo Chuo Marin, quien pasó a ser su gurú personal. 

JP fue en busca de asesoría y como dice el refrán, fue por lana y salió trasquilao. Chuo siempre fue apolítico en cierta forma, tanto por su condición científica, como por su convicción demócrata, y como todo ser humano, no debía escabullir su rol político en la sociedad,  lo que no lo obligaba a tener respuesta a las preguntas y si alguna respuesta le incomodaba darme, eran las atinentes a las decisiones políticas.  

Esa tarde nos fuimos a la ranchería pesquera del pueblo del Tirano Aguirre, observando peñeros llegar del faenar costanero. Allí en medio de un centenar de tijeretas surcando el lienzo celeste y un montón de nasas y chinchorros para pesca entre un mar que se perdía en la infinidad del panorama soleado contestó:

– Creo que debes cumplir contigo mismo,  me dijo, la respuestas a tus dudas no se despejan en cabeza ajena. El reino de la certeza reposa en tu corazón poseído por instinto y el sentido común. Úsalos, concluyó diciendo, con una risa íntima que parecía venir de otro mundo.

Cuando JP escuchó a Chuo Marín con tal puntería responderle, supo lo que debe hacerse y eso pasaba por cumplir con todo y todos. No fallarle a sus 25 críos qué bien concibió con su enorme y eficiente herramienta de pescar por gracia de Dios y de las potencias del fósforo como viagra-natura proveniente del tridente de Tritón. Tampoco fallar a la gente que al final son su propia gente y por lo tanto, su propia responsabilidad. 

De noche, recogido en su hamaca en el lobby del rancho, arropaba la soledad con la mirada en la nube que tapaba una luna nueva. Quedó dormido soñando que un día amanecería en un país de otro mundo. 

Una sonrisa de satisfacción abrazó la almohadilla conque dormía esperando el amanecer de un futuro mejor. En su adormecimiento sabía que eso no era posible pero también sabía que soñar no cuesta nada y que la justicia e igualdad no son propias de este mundo de tierra, o mas bien, este mundo de agua. Pronto despertó nervoso sintiendo ahogarse con saliva… sin duda un presentimiento lo trajo desde las sombras del ensueño; revelando un misterio conocido, y es que la verdad, de aquí a la China, ni teme ni ofende, aunque no esté convencido de si esa verdad no prive en cada máquina del CNE.

Marcantonio Faillace Carreño

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