#Especial Milexa Figueroa, en la escalada de la vida

Frank Depablos Useche/Foto: Archivo |

La riqueza de sus condiciones atléticas estaban dadas para las pruebas de velocidad en las pistas lisas, llanas, pero en la escalada de la vida, Milexa Gregoria Figueroa, barquisimetana de cepa al haber nacido y crecido en el barrio Japón ha debido remontar muchas cuestas y superar obstáculos para atesorar una riqueza espiritual que ahora, incansablemente, quiere hacer llegar a todos.

La gacela, blanca por su color, apuntaríamos nosotros porque otras atletas criollas, Elsa Antúnez en los años 60 y Uvilma Ruiz un poco más adelante, fueron llamadas gacelas negras por la crónica deportiva, cumplido su ciclo atlético, intenso como suele serlo para un atleta de alta competencia, ahora rema entre aguas tranquilas, en permanente reposo, calma y tranquilidad espiritual, tarea a la que se aferra conjuntamente con un grupo cercano a las trescientas personas, que tiene data aproximada de 17 años llamado Corazón Arco Iris.

Corazón por las personas y Arco Iris por la naturaleza es la explicación que aportó la exatleta larense la mañana del pasado martes en el interior de su refugio del centro, acompañada por un par de amables damas, Miriam Silva y Haydee Gutiérrez, mientras afuera, en el entorno, la lucha era ante una tímida vaguada amenazante, fracasada horas más tarde en su intento de venirse en forma tórrida sobre la capital larense.

Envuelta en ese manto de espiritualidad unas veces, con transiciones varias a formas más expresivas otras, Milexa Gregoria, como le gusta que la llamen ahora, antes no, sino simplemente Milexa, en encuentro periodístico madrugador, pautado a las 8 de la mañana, desveló su vida y la dejó discurrir en lo atlético –ayer- y luego trascender hacia lo mágico, hoy.

Vida deportiva

Expresiva al máximo, con manos, brazos y piernas, como símbolos principales, en medio de la sala, sin frenar su verbo, trajeada de pantalones rosados y blusa estampada del mismo color, preparada para la faena diaria, Milexa Gregoria describió con poses respectivas –agachada para partir- sus momentos estelares. También con movimientos esbozó su particular rito al colocarse su indumentaria característica, especialmente las medias largas que alcanzaban hasta la rodilla, tal cual como aparece en la foto.
Así, pistoletazo para la partida, poco a poco la historia.

Desde los 13 años, sin atropellos a nadie, independiente, aprendió a ganarse la vida en medio de un drama social que asombró y aterró a José Jacinto “Chinto” Hidalgo cuando la visitó en su “ranchito” después de haber ganado una competencia y enfilaba hacia la gloria deportiva, exclusiva a los dotados.

Antes, entre los surcos de ese drama social marcado con grandes características por Lope de Vega en su Fuenteovejuna, en la escuela Ciudad Maracaibo, libraba grandes batallas en voleibol y baloncesto con Ninoska Martínez. “Ella era muy buena en básquet”.

En las competencias internas de su escuela se pautaron también duelos en atletismo y allí, como una gacela, al ganarlo todo afloró su empoderamiento para que apareciera el querido profesor William, cuyo apellido no ha podido recordar jamás, quien la hizo recalar en el polideportivo y dejarla en manos de Valentín Marcano, a quien fue fiel en su trayectoria.

Ubicada en el sendero correcto por Marcano, viene el llamado a la selección nacional y labra su brillante quinquenio desde 1985 hasta 1990 con victorias, la mayoría de ellas en 400 y 800 metros, en meets nacionales e internacionales, juegos nacionales, bolivarianos, centroamericanos y el título de la prensa deportiva nacional “Gacela de Lara”, rico y extenso palmarés que la llevaron a ser postulada al Salón de la Fama del deporte larense, intento que en el argot atlético quedó registrado como foul.

A su regreso de los Juegos Bolivarianos de Cuenca en Ecuador, espiada por gerentes de la petroquímica –todavía se daban los Juegos de las Compañías Petroleras- es llevada a Morón y allí hace estancia por seis años, en los que disputa su única maratón en 21 kilómetros entre Puerto Cabello y Morón que también saldó a su favor.

Considera la atleta que su carrera pudo ir más arriba, pero en épocas pretéritas el deporte era poco atendido, salvo las idas a los Juegos, y de inmediato una situación saltada de ese drama social que se creía superado pero que asoma, aflora de nuevo con peores características e índices.

– En una oportunidad, listos para ir a Perú a una cita internacional, en Maiquetía, maletas en mano, nos devolvieron los pasaportes. Extrañados preguntamos y la respuesta fue: es que no aprobaron a tiempo los recursos para el viaje.

Al volver a nuestros días, en la ocasión del meet dirigentes-periodistas por el evento Bosque Macuto el pasado mes de febrero una frase quedó en el aire y es que ella se había retirado invicta.

En el cotilleo del martes soltó el nombre de la tachirense Shamira Valero como su verduga al vencerla en la ciudad de Caracas en un chequeo previo a los Juegos Bolivarianos. Esa es la verdad.

Posterior a eso se hizo masoterapeuta, profesión que combina a diario con sus quehaceres espirituales y estudios diversos en el Núcleo de la UCV en Barquisimeto. En sus manos, prodigiosas, la mayoría de los atletas larenses y de otras regiones del país, entre ellos aquella célebre posta corta de 4×100 olímpica integrada por Juan Morillo, José Peña, José Carabalí y Hely Ollarves.

Devenir mágico y divino

Al momento de lo mágico y lo divino, reflexiva, con pelo entrecano, refundía sus ojos detrás de la montura de sus lentes en acción conjunta de entrecejo fruncido.

En lo pragmático del grupo Corazón Arco Iris, “Todos los miércoles, de 6 a 8pm el espacio es abierto para hacer terapia espiritual, hablar de Dios y alimentar el espíritu”. Pero la tarea no se queda allí porque se trata de hacer “bien al prójimo”, atender los ancianos, los niños en sus casas, al desvalido, al indigente de la calle y a todo el que lo necesite, comentó varias veces, sin ocultar que se engolosina con el tema.

Al fondo del salón, de testigo, una imagen de la Divina Pastora y en las manos del periodista, sin pensarlo, un escrito de José de Arias Martínez titulado “Sueño cósmico”, que deja en una sus partes: …Toda la gente contenta/feliz porque el mundo es otro/amándose unos a otros/sin peleas ni contiendas.

Al final de la lectura, a capella por el periodista, Milexa, manos en fricción a la altura del pecho, y “guerrera de pensamiento” como se definió, arropó con una frase, “es lo maravilloso y querido”.

Ella lo hace desde hace 17 años en forma ininterrumpida en horario que va desde las 7 de la mañana hasta las 2 de la tarde, siempre acompañada de su grupo, su esposo, Alexis Méndez conocido como “Alemán” por sus rasgos, a quien conoció en las jornadas atléticas del polideportivo Máximo Viloria y sus dos hijos Robert, estudiante de comunicación social en la Fermín Toro y Fiorella, quien intenta seguir la huella de su madre al apuntarse en las tareas diarias del Polideportivo.

Así amiga -en respuesta al intercalado y constante amigo para referirse al periodista- usted, Milexa Gregoria Figueroa, ha podido sobrellevar la escalada de su vida, claro está, ahora bajo las pausas que da la madurez, porque su adolescencia, pese a las penurias fue a ritmo vertiginoso, de gacela con sello larense, vivencias que a veces suele recordar al pergeñar una colección propia superior a los 500 periódicos que registraron sus hazañas en el quinquenio de 1985 al 90.

 

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