Arquidiocesana: Cambio de conducta

Mons. Antonio José López Castillo Arzobispo de Barquisimeto |

Juan el Bautista se nos presenta como un predicador penitencial. El, a ejemplo de los profetas antiguos, aparece como una figura austera y exigente. Él pide conversión, cambio de actitud, cambio de comportamiento tanto a los dirigentes sociales y políticos, como a todo el pueblo.

Se trata de tomar en serio a Dios y al pueblo, manifestado en buenos frutos, tales como justicia, honradez, servicio, veracidad. Dios nos invita a conformar en Él. A tomar en cuenta su proyecto de salvación integral, que significa, autenticidad esperanza, paz, laboriosidad, honestidad, fe; porque en esos parámetros Dios está cerca, se siente su presencia, vamos en dirección a Él, caminamos a su lado.

No obstante nosotros podemos tomar una primera postura, en creernos perfectos, intocables, acaparadores  de la verdad, los capaces de no ayudar a nadie, y decir que amamos al prójimo; aquellos que abusan del alcohol y le niegan un libro a un niño y se sienten súper-creyentes; o bien hacen negocios sucios, engañan, sobornan, se toman partidas que no le pertenecen, se dan la gran vida a costillas del pueblo abandonado; son tiranos, déspotas, mentirosos, pero quieren aparecer como los bienhechores, los grandes creyentes, los intachables, todo en base a apariencias, y publicidad. A éstos Juan el Bautista, los llama raza de víboras, en nuestro lenguaje popular se les llamaría culebras, farsantes, seudos dirigentes, a estas serpientes se debe entre otras causas, el abatimiento y la frustración del pueblo.

Esta actitud hace increíble el catolicismo, o el cristianismo; produce rechazo, ateísmo práctico, esto es catolicismo antidemocrático, lo peor de este comportamiento, es que a veces es consciente y calculado.

Por eso Juan el Bautista nos invita a otra actitud, es decir, a la vuelta humilde, sincera y silenciosa a Dios, y al prójimo, tanto interior como exteriormente.

Es necesario orar, hablando con Dios desde nuestra existencia tanto en la alegría como en la prueba, en el día, como en el anochecer. Dios nos invita a apartarnos de las envidias, conformismo, miedos, soberbias, y codicias. Es bueno fortalecer la convivencia, ayudarnos los unos a los otros, robustecer la amistad, buscar caminos de solidaridad, despertar la sensibilidad humana y social, cumplir con el deber en el trabajo, en la familia, ser dignos ciudadanos, todo esto hará creíble nuestra fe, nuestro catolicismo, y hará que se construyan comunidades maduras, democracias creyentes.

Debemos saber aceptar la unidad en la pluralidad, estar conscientes de que vivimos en un mundo en apertura, en integración de esfuerzos. De esta manera estamos viviendo la vuelta a Dios y al hombre, estamos en conversión porque será así como nos preparemos a hacer de la vida una constante navidad, es decir, un tiempo de un Dios con nosotros y nosotros con Dios.

 

Santo Padre: ¿Cómo acercarse al Señor  en Navidad?

Vaticano, 4 diciembre.(ACI).- Durante la Navidad, Dios se revela a los humildes, a los pequeños, … y por ello la importancia de hacerse pequeños en este tiempo para poder acercarse al Señor que viene.

… “en Navidad veremos la importancia de la pequeñez, veremos la importancia de lo pequeño: un niño, una estrella, una madre, un padre… Son las pequeñas cosas. Un corazón grande, pero una apariencia pequeña”.

El Papa animó a caminar “en el temor del Señor. Temor del Señor, que no es miedo, no”. También llamó a “cumplir el mandamiento que Dios le dio a nuestro padre Abraham: ‘Camina en mi presencia y sé irreprochable’. Humildad. Es humildad. El temor del Señor es humildad”.

Por lo tanto, “solo los pequeños son capaces de comprender el sentido de la humildad, el sentido del temor del Señor, porque caminan delante del Señor. Sienten que el Señor les da fuerzas para seguir adelante”.

… “vivir la humildad, la humildad cristiana, es tener este temor del Señor que, no es miedo, sino que es afirmar: ‘Tú eres Dios, yo soy una persona, yo avanzo de esta manera, con las pequeñas cosas de la vida, pero caminando en Tu presencia y tratando de ser irreprochable’”.

“La humildad del pequeño es aquella que camina en la presencia del Señor, no necesita presumir ante los demás, basta con ver sus actos para sentir al más pequeño”.

“A Jesús, que exulta de alegría porque Dios revela su misterio a los humildes, podemos pedirle todos la gracia de la humildad, la gracia del temor de Dios, de caminar en su presencia tratando de ser irreprochables”.

Evangelio

Mateo (3,1-12): Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el   desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.”» Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Abrahán es nuestro padre”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Palabra del Señor. Gloria a Ti,

Señor Jesús.

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