Buena Nueva – Los tres

Isabel Vidal de Tenreiro |

¿Cómo es eso de que Dios es uno solo, pero que son Tres Personas? Eso es un misterio, se nos dice al aprender el Catecismo. Y un misterio no lo podemos entender, pero si nos consideramos cristianos, debemos creerlo.

Algunos han tratado de profundizar en el Misterio de la Santísima Trinidad. San Agustín fue uno. Caminando por una playa razonaba sobre este gran misterio, pero se distrajo con un niño que recogía poquitos de agua del mar para colocarla en un hoyito que había abierto en la arena. Y le pregunta al niño qué estaba haciendo. El niño le dice que estaba tratando de meter el mar en el hoyito. San Agustín trata de convencer al niño de que eso es imposible, a lo que el Niño le replicó: “No más imposible de lo que es para ti entender o explicar el misterio de la Santísima Trinidad”. Y con estas palabras el “Niño” desapareció. Así es nuestro intelecto: muy limitado para tratar de explicarse verdades infinitas como el misterio de la Santísima Trinidad.

Y, ¿por qué es importante este misterio? Porque en él está encerrada la esencia misma de Dios. Ya sabemos que nuestro abreviado intelecto es incapaz de llegar a tanto. Es como el hoyito en la playa.

Por eso Dios mismo ha tenido que revelarse a nosotros. Y, aunque el nombre de Trinidad no está en la Biblia, sí están las Tres Personas de la Santísima Trinidad. Dios se nos ha revelado como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. Tres Personas distintas, pero un mismo Dios.

San Agustín razonaba sobre la Santísima Trinidad tal vez para explicarlo a otros y para escribir sobre esto en su extensa obra teológica. Pero para el común de los cristianos lo más importante sobre este misterio central de nuestra fe es tratar de vivirlo.

¿Vivirlo? ¿Cómo? Pues comenzado por conocer a las Tres Divinas Personas. En el Cielo las conoceremos cara a cara (1 Cor 13, 12), pero desde aquí en la tierra podemos ir conociendo cada vez mejora los Tres.

Es más: desde aquí en la tierra podemos comenzar a estar unidos a la Santísima Trinidad y a ser habitados por los Tres. ¡Nada menos! Es el mismo Jesucristo –Uno de los Tres- Quien nos lo ha dicho: “Si alguno me ama guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn. 14, 23).

¿Cómo es la relación de la Santísima Trinidad con nosotros? El Espíritu Santo es el que nos santifica. El nos va haciendo cada vez más semejantes al Hijo, y el Hijo nos va revelando al Padre y nos va llevando a El. “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo se los quiera dar a conocer” (Mt. 11, 27).

Quiere decir que es posible vivir este misterio desde aquí en la tierra, ¿no? Si dejamos que el Espíritu Santo vaya realizando su obra de santificación, El nos va haciendo semejantes al Hijo. ¿Cómo puede hacer esto el Espíritu Santo? Bueno, hay que dejarlo actuar. ¿Cómo? Haciéndonos perceptivos, dóciles y obedientes a sus inspiraciones. Así, El nos va llevando a conocer, a aceptar y a hacer la Voluntad de Dios. De eso se trata la santidad. Ese es el trabajo del Espíritu Santo y El lo hace en todo aquél que se dejan santificar por El.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos nosotros (2 Cor. 13, 14). Eso nos lo dice el Sacerdote al comenzar cada Santa Misa. Esta frase explica cómo se vive desde aquí en la Santísima Trinidad.

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