Arquidiocesana 06/03/2016: Somos pecadores

Si tienes el corazón cerrado, el perdón y la misericordia no entrarán, asegura el Papa

El Papa Francisco dedicó su homilía de la Misa en la Casa Santa Marta al perdón sin límites que tiene Dios hacia los hombres. “Él te quiere perdonar, pero no podrá si tienes el corazón cerrado, y la misericordia no puede entrar”.

…“perdonando abrimos nuestro corazón para que la misericordia de Dios entre y nos perdone, a nosotros. Porque todos nosotros tenemos que pedir perdón, todos.  Perdonamos y seremos perdonados. Tenemos misericordia con los otros, y sentiremos esa misericordia de Dios que, cuando perdona olvida”. …que la Cuaresma “nos prepare el corazón para recibir el perdón de Dios. Pero recibirlo y después hacer lo mismo con los otros: perdonar de corazón”. “Quizá no me salude nunca, pero en mi corazón yo te he perdonado. Y así nos acercamos a esto que es tan grande, de Dios, que es la misericordia”.

Evangelio

Lucas (15, 1-3.11-32): En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes, el hijo menor emigró a un país lejano, y derrochó su fortuna…luego se puso en camino adonde estaba su padre;…”Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad el mejor traje y vestidlo; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”… Su hijo mayor se indignó…El padre le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”» Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Somos pecadores

La parábola que nos presenta el Evangelio, se podría definir como la parábola del hijo pródigo, o la parábola de la misericordia del padre, o también la parábola del hijo mayor, cumplidor de la Ley pero sin amor. En fin, vamos a reflexionar, sobre la misericordia del padre. Efectivamente ese Dios padre Misericordioso, es quien Jesús nos ha venido a revelar que no es otro que ese Dios, que es rico en misericordia, por causa del mucho amor con que nos ama y ese es el mismo rostro que Cristo, nos vino a mostrar, lleno de misericordia.

Y ese Cristo Salvador, quiere ofrecer al hombre contemporáneo su amor misericordioso consciente de que este “mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y lo peor, pues tiene abierto el camino para optar por la libertad y la esclavitud, entre el progreso y el retroceso, entre la fraternidad y el odio. El hombre sabe muy bien, que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado y que pueden aplastarle o salvarle” Gozo y Esperanza No. 9.

Así pues, volviendo a la parábola del Evangelio nos encontramos con el hijo lleno de egoísmo y engreimiento que pide sin piedad, su herencia y se va de la casa, para luego malbaratar aquella fortuna; viviendo viciosamente, por supuesto acompañado por muchos amigotes, pero cuando se le acabó el billete, quedó solo y terminó teniendo que mendigar, cuidando cerdos y envidiándolos, porque su alimentación era mejor que la de él. Que parecido a ciertas situaciones, cuando se vive del facilismo o del pantallerismo, cuando se despilfarra sin valorar lo que se tiene, y cuando se legitima la corrupción, el robo, de tal manera que quien no lo hace, pudiéndolo hacer es un “tonto”, pero quien roba aparece como un “vivo”. Pues bien, actuar en esta dirección, sólo conlleva a la miseria y al desastre en todas sus formas.

El joven de la parábola, recapacita; reconoce su maldad, su pecado y decide cambiar con sinceridad su vida. El reconoce que su crisis, es de fe y de moral. Por esto resuelve volver donde su padre, y ponerse a sus órdenes, como un trabajador más. Lo dice y lo hace. Sale en búsqueda de soluciones. Va donde su padre. Aquel Papá, acepta el arrepentimiento de su hijo, lo abraza y lo incorpora a su familia nuevamente, para que comience una vida distinta, responsable, llena de amor y honestidad. Pienso que a todos nos corresponde en esta difícil situación nacional, el volver a Dios con corazón sincero y humilde; para buscar una solución real, manifestada en los Mandamientos; que no son otra cosa, que espíritu de trabajo, honradez, justicia, fraternidad y sensatez.

Nuestra gran crisis, es de fe y moral; por supuesto con repercusiones económicas y sociales. Debemos buscar a Dios con obras y hechos, y estoy seguro que ese Padre nos abrazará y dirá en Cristo: “No he venido a condenar, sino a salvar”. Porque su misericordia es infinita. Hoy como pueblo, debemos decir “Padre hemos pecado, contra el cielo y contra ti” (Lucas 15,18).

Mons. Antonio José López Castillo

Arzobispo de Barquisimeto

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