Lo que se nos viene

Claudio Beuvrin |

En 1960, en ocasión de la fundación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, el jeque Yamani, ministro de petróleo de Arabia Saudita, hizo una premonición: que la era petrolera no se acabaría por falta de petróleo sino por el desarrollo de nuevas tecnologías que lo harían obsoleto, tal como la era neolítica no se acabó por falta de piedras, sino por el desarrollo de los metales.

Esa premonición se está cumpliendo. En todas partes del mundo desarrollado se están desarrollando e instalando nuevas formas de obtener energías renovables: eólica, solar, geotérmica, nuclear, de las mareas, de la biomasa y la siempre confiable energía hidráulica suministrada por los embalses. Uno de los países de referencia en este progreso es Alemania que rutinariamente obtiene 33% de su energía de fuentes limpias, renovables y sustentables. Está planificado que para el 2050 casi 100% de la demanda de energía será satisfecha por fuentes no petroleras.

El impacto de lo que están haciendo estos países, caminando hacia un mundo no contaminado y despetrolizado, es enorme. Para empezar, los ahorros en salud pública por disminución de la contaminación ambiental y por la no importación de petróleo, pueden destinarse a otros fines. Están transformando sus ciudades para ganar en calidad de vida. Están expulsando al automóvil privado de las vías públicas, reemplazándolo por el uso de las piernas, las bicicletas y el transporte público. Además, están tratando de disminuir el desparramo urbano en la periferia, un problema particularmente grave en los Estados Unidos, pues hace obligante el uso del automóvil privado. También están aumentando la densidad de las zonas centrales, haciéndolas más atractivas para vivir, poniendo todo al alcance de una corta caminata, lo que significa menos automóviles privados invadiendo las calles.

¿Y nosotros? Seguimos cacareando que tenemos una de las reservas de petróleo más grande del mundo, pero por lo que se ve, habrá abundante oferta y una escasa demanda, lo que obligará a venderlo a un precio moderado, lo que obliga a abandonar el rentismo pasando a ser productores y exportadores como un país normal. Así lo ha entendido finalmente el gobierno, anunciándolo como un descubrimiento extraordinario, olvidando que ya el 14 de julio de 1936, hace justamente 80 años, el escritor Arturo Uslar Pietri había planteado en el editorial del diario Ahora, la necesidad de sembrar el petróleo. Ahora resulta que, por cosas propias de los saltos dialécticos, Uslar Pietri, vilipendiado desde siempre por toda la izquierda progresista, tenía razón, pero ahora la reconstrucción del país no se hará con petróleo, sino con trabajo.

Solo queda esperar que Maduro acepte las fórmulas del mercado, para salir de la crisis. Solo falta que alguien se lo explique. Ya Lenin, tras expropiar las tierras de los terratenientes agrarios, tras la aparición de la hambruna, aceptó devolverle el campo a los expropiados y así aseguró la alimentación a las ciudades. Hasta que llegó Stalin y volvió al esquema anterior y a la hambruna.

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